Hernando José Gómez

Energías renovables no convencionales: necesarias y urgentes

El Gobierno Nacional plantea una reforma que ayudará a cumplir los compromisos internacionales que en materia ambiental tiene Colombia que alejará la sombra de una crisis por efectos de la variabilidad climática.

Hernando José Gómez
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Hernando José Gómez
febrero 25 de 2018
2018-02-25 05:47 p.m.
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Las fuentes no convencionales de energía renovable (FNCER) están siendo rápidamente adoptadas a nivel mundial, gracias a una acelerada disminución en sus precios de instalación y operación. De esta manera, la energía solar, la eólica, las pequeñas hidroeléctricas de filo de agua (PCH) y el uso de biomasa compiten con fuentes tradicionales como las termoeléctricas y las grandes hidroeléctricas.

Su desarrollo se aceleró por la urgente necesidad de descarbonizar la economía mundial y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Por otro lado, el creciente debate sobre el impacto ambiental de las grandes hidroeléctricas dificultará su construcción hacia adelante. En Latinoamérica hay avances significativos. Chile instaló 2.600 MW en energía fotovoltaica y eólica, Honduras hizo lo propio con 10 por ciento de fotovoltaica, Uruguay, genera 22,8 por ciento de su energía con sistemas eólicos.

En Colombia, los grandes generadores de energía no aportan más del 0,4 por ciento del total de generación con FNCER. ¿Por qué ocurre esto? Si bien se emitió la Ley 1715 de 2014, se reglamentaron los incentivos tributarios para las FNCER, y se han emitido las resoluciones Creg para operativizar la entrada de esta energía en el sistema de distribución, en el país, más allá de algunas iniciativas empresariales destinadas a autoconsum,o hay poco que mostrar ¿Por qué pasa esto en Colombia? ¿Qué están esperando los agentes e inversionistas? El Ministerio de Minas y Energía, en estos días presentó un proyecto de decreto que facilitará enormemente el desarrollo de proyectos de renovables al autorizar que se hagan subastas de energía orientadas a la reducción de emisiones GEI, que es un vehículo crucial para que se puedan desarrollar las inversiones y se realicen los cierres financieros de estos proyectos al contar con contratos de largo plazo de suministro de energía. Esto es una oportunidad para todos los generadores, tanto nuevos como existentes, pero que quieran apostarle a las FNCER.
No obstante, este positivo avance ha sido recibido con consternación por los grandes generadores de energía, que argumentan que este tipo de subastas va en contra de la neutralidad tecnológica e induciría un exceso de oferta de energía eléctrica, pues la demanda está creciendo por debajo de los estimativos de la Upme en los últimos años.

Manifiestan que esto introduciría una distorsión en el mercado y señalan problemas sufridos en países como Alemania.

A estos argumentos se puede contestar que las subastas del cargo por confiabilidad nunca han sido neutrales, pues por definición discriminan la entrada de renovables no convencionales que no pueden ofrecer energía en todos los momentos del día y tiene que ser distribuida de forma inmediata en la red cuando se genera. Por otro lado, lejos de distorsionar el mercado, la iniciativa, al no depender de enormes subsidios, con un instrumento adecuado como los contratos de largo plazo propuestos en el decreto, los renovables introducirían una saludable competencia en el mercado. Incluso, comenzaría a aumentar el número de oferentes creando un mercado más concurrido con espacio para muchos generadores pequeños, y ojalá en un futuro cercano a los proconsumidores con la instalación de contadores bidireccionales (los que en ciertas horas del día venden energía a la red y en otras son compradores netos a la misma).

Pero, lo más importante es reconocer que desde el punto de vista de la política pública es crucial mejorar la estructura de la matriz energética del país. En principio, nuestra matriz es limpia y confiable, pues es 70 por ciento hídrica y 30 por ciento termo. No obstante, cada tres o cuatro años Colombia experimenta un fenómeno de ‘El Niño’ cada vez más fuerte, que en el 2016-2017 llevó hasta el límite la capacidad de respuesta del sistema interconectado, induciendo amenazas de racionamiento. Por ello es indispensable contar con capacidad adicional ambientalmente limpia basada en FNCER ,que son contra cíclicas en periodos de sequía. Este es el caso de la generación fotovoltaica que se beneficia de la mayor luminosidad en los periodos de poca lluvia, y la eólica, que también se favorece por la fortaleza de los vientos alisios. Por ello, estoy totalmente de acuerdo con las declaraciones del Ministro de Minas, quien considera que para garantizar la funcionalidad del sistema eléctrico colombiano se requiere hasta 15 por ciento de capacidad de generación con energías renovables no convencionales.

Finalmente, frente a la preocupación de las firmas generadoras, quienes no han podido colocar plenamente en el mercado de energía sus recientes expansiones, extiendo una invitación para dejar de entorpecer la entrada de las FNCER como estrategia y enfocarse en estimular la demanda de energía sustituyendo el consumo de combustibles fósiles. En el caso de las termos, la señal es que este parque debe estar dominado por la generación a gas como combustible de transición. Pero en otras áreas como el transporte y el uso de calderas industriales se debe buscar una rápida electrificación.

Esto implica una agresiva política de electrificación del parque automotor de todos los sistemas de transporte masivo, que dependen de los subsidios del Gobierno Nacional para su operación, la del transporte automotor, con políticas como permitir que el cupo de 40.000 vehículos eléctricos sin IVA y arancel se pueda utilizar sin la restricción anual del 10 por ciento y líneas de crédito con intereses compensados por el Gobierno Nacional para facilitar la sustitución masiva de calderas con combustibles líquidos. Se trata de dejar de pelear por una tajada y enfocarse más bien en agrandar el ponqué.

En hora buena, el Gobierno Nacional plantea una reforma que ayudará a cumplir con los compromisos internacionales que en materia ambiental tiene Colombia, alejará la sombra de una crisis por efectos de la variabilidad climática a la cual tenemos que adaptarnos, reducirá la contaminación del aire en las ciudades y abrirá la posibilidad de un rápido aumento del consumo de energía eléctrica en detrimento de los combustibles fósiles, que le conviene al país, a los grandes usuarios, a los generadores y las personas del común.

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