Interpretando la estrategia de las Farc

Hernando Zuleta
POR:
Hernando Zuleta
octubre 15 de 2013
2013-10-15 12:13 a.m.

Las acciones recientes de las Farc indican que sus objetivos principales son obtener el mejor acuerdo posible y posicionarse como la fuerza política con la que se identifican los sectores abandonados, descontentos e indignados. En otras palabras, están apostando por una terminación negociada del conflicto.

En principio, la meta de cualquier grupo guerrillero es la revolución: esto es, un cambio rápido y profundo en las instituciones políticas, económicas y sociales de la nación. La revolución armada se consigue si la guerrilla es capaz de doblegar al Ejército regular y ejercer control territorial sobre la mayoría del territorio nacional o sobre los principales centros de poder.

Cuando la revolución armada no es viable, la paz negociada puede ser el camino para conseguir los cambios deseados. Evidentemente, si la paz se da por la rendición de la guerrilla, el papel de esta como artífice de la revolución es nulo.

No obstante, si la negociación conduce a cambios sustanciales, un acuerdo de paz puede ser el comienzo de la revolución. Adicionalmente, si los pactos garantizan la participación política de la guerrilla, se establece la posibilidad de completar la revolución por medios democráticos.

Un grupo guerrillero que busca una salida negociada debe centrar sus esfuerzos en actividades que aumenten su poder de negociación durante los diálogos de paz y sus votos en el escenario de posconflicto.

En el caso de las Farc, los ataques a las torres de energía no contribuyen al control territorial, pero sí prueban que la guerrilla tiene capacidad de causar daño y, en este sentido, aumenta su poder de negociación.

El secuestro de ciudadanos extranjeros también sirve para dar una señal de fortaleza, y su liberación ayuda a atraer la atención de los medios y hacer un gesto de paz que contribuya a levantar la imagen de los guerrilleros.

Por último, la defensa o la infiltración de la protesta social es un esfuerzo por exacerbar el descontento social, generar la sensación de que se necesitan cambios profundos en el modelo económico y posicionarse como el único movimiento político capaz de interpretar el malestar social y producir los cambios necesarios.

Hoy, las Farc no son un movimiento con apoyo popular y, seguramente, no superaría el umbral para llegar al Congreso. No obstante, uno de los puntos de la agenda de negociación es la participación política y, probablemente, el objetivo de la guerrilla en este punto es conseguir una representación mínima que no dependa de su votación.

Por otro lado, la experiencia de otros países latinoamericanos sugiere que la probabilidad de éxito electoral de los partidos de extrema-izquierda aumenta cuando la protesta social se ha tomado las calles.

Los comandantes de las Farc lo saben y por esto su estrategia de defensa e infiltración de la protesta social se intensificará después de la firma de los acuerdos.

En resumen, la buena noticia es que los guerrilleros están apostándole a un acuerdo de paz. La mala es que la protesta social será uno de los instrumentos más usados por el movimiento guerrillero.
Hernando Zuleta
Economista

hernando.zuleta@gmail.com

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