Horacio Ayala Vela

Después de la euforia

Horacio Ayala Vela
Opinión
POR:
Horacio Ayala Vela
julio 27 de 2014
2014-07-27 09:34 p.m.
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Después de la tempestuosa campaña electoral –que cuando menos se puede calificar de grotesca–, llegó la calma y la euforia con el Mundial de Fútbol y la ‘James manía’, gracias al excelente papel de nuestra Selección. Pero esos sentimientos empiezan a diluirse ante los anuncios de una nueva reforma tributaria, porque la platica no alcanza. Era de esperarse, para no olvidar la vieja costumbre colombiana de que cada presidente trae la suya bajo el brazo. Tampoco son nuevas las trilladas fórmulas de prorrogar el impuesto al patrimonio y el cuatro por mil, ni la amnistía fiscal, que la gente ya espera en cada reforma.

Es sabido que el impuesto al patrimonio constituye una de las fórmulas más fáciles y efectivas para conseguir recaudos, sin ponderar otras consecuencias. Pero, como hemos reiterado en anteriores columnas, el mecanismo utilizado en Colombia es perverso, porque agudiza los efectos regresivos del impuesto sobre la renta.

En la medida en que se incrementan los impuestos a cargo de la sociedad, se afecta de forma general a todos los accionistas, en la misma proporción, no de manera progresiva como ordena el principio de la equidad y hasta la propia Constitución. Resulta más equitativo gravar el patrimonio de las personas, mediante una tarifa progresiva, con lo cual se logra, además, diferenciar las rentas de capital de las rentas de trabajo, tan castigadas en la reforma del 2012.

El cuatro por mil constituye igualmente un mecanismo fácil y efectivo de recaudo, pero desestimula las transacciones a través del sistema financiero. Sin embargo, como también hemos insistido, podría convertirse en una herramienta eficaz para combatir la evasión, si este gravamen se convierte en una retención del impuesto de renta, que puedan descontar los contribuyentes que presenten declaraciones, pero no quienes no lo hagan.

La declaración de los bienes amnistiados podría tener un rápido impacto sobre el impuesto al patrimonio, pero en materia de renta no es tan claro porque depende de la productividad de los bienes. Por ejemplo, si se trata de depósitos o títulos financieros, la rentabilidad es mínima dadas las circunstancias de la economía internacional.

Los bienes raíces que están rentando en el exterior deben estar pagando impuesto en el país de su ubicación, y si hay tratado de doble imposición solo tributan allá. Quizá los mayores dividendos pueden obtenerse de los bienes de propiedad de nacionales registrados en paraísos fiscales. Pero si se opta por la amnistía, debería exigirse la identificación de los bienes, para evitar que se convierta en un instrumento de legalización del lavado de activos u omisión de rentas futuras.

Las reformas del 2010 y 2012 engordaron y complicaron aún más el ya inmanejable Estatuto Tributario, que ahora ofrece menos simplicidad, menos transparencia y menos certeza. Fueron ignorados los contribuyentes, pero también la administración tributaria, que recibió un alud de nuevas tareas para cumplir en un término angustioso. Ojalá se piense de nuevo en la administración y se reduzca la obsesión por la evasión de las rentas de trabajo; la gran evasión está en las coyunturas de la ley y en las enormes gabelas a las rentas de capital.

 

Horacio Ayala Vera
Consultor privado
horacio.ayala@etb.net.co

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