Horacio Ayala Vela
columnista

Las sociedades fantasmas

Muchos de los fraudes al fisco utilizan sociedades fantasmas, esgrimiendo el argumento cómodo de que todo lo que tiene apariencia legal es permitido.

Horacio Ayala Vela
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Horacio Ayala Vela
noviembre 29 de 2017
2017-11-29 08:27 p.m.
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Entre los Papers de Panamá y los del Paraíso se han divulgado cerca de 25 millones de documentos, aparentemente secretos. Aparecerán más, gracias a la tecnología y a que existe una tendencia a revelar los secretos económicos de nuevos y viejos ricos, la cual viene desde la sustracción de información bancaria confidencial que fue compartida a algunos fiscos. La proliferación del fenómeno muestra no solo la globalización del mismo, sino el marcado relajamiento de la ética, la moral y las buenas costumbres, que en Colombia se exacerbó con el narcotráfico y con la súbita proliferación de negocios de apariencia inocente, con los nuevos ricos.

Muchos de los fraudes al fisco –con el disfraz eufemístico de ‘planeación tributaria’– utilizan sociedades fantasmas, esgrimiendo el argumento cómodo de que todo lo que tiene apariencia legal es permitido. Por ejemplo, la Ley 1429 de 2010, creada para estimular la formación de pequeñas empresas y la generación de empleo, se ha utilizado para estafar al fisco fraccionando artificialmente operaciones y grandes negocios, y hasta se han ofrecido en venta sus cascarones para conseguir beneficios indebidos. Se constituyen sociedades de fachada, en el país o en paraísos fiscales, con el único objeto de evadir impuestos o incluso robárselos, como en los casos de las devoluciones fraudulentas del IVA que el país conoce. También se han creado, entre otros subterfugios, para ‘fabricar’ créditos mercantiles imaginarios o ‘prestar’ servicios inexistentes.

La culpa, por supuesto, en una gran mayoría de casos es de la propia legislación y de sus autores y ‘asesores’, que abren los boquetes que desangran al país. Beneficios como los contratos de estabilidad tributaria y las zonas francas se otorgan de manera discrecional, dando paso a los intermediarios de toda pelambre. Ya estamos viendo que los primeros entraron a actuar en la película de Odebretch, y entre las zonas, fue famosa la del mentado caso del alcalde de Mosquera y los hijos del expresidente. Es que resulta muy rentable, además del beneficio tributario, urbanizar las parcelas agrícolas para venderlas por metro cuadrado.

A propósito de zonas francas, uno de los mayores fraudes fiscales conocidos en el país tiene que ver con la exención de Ley del Páez, convertida después en zona franca. Mercachifles deshonestos captaron ‘inversiones’ para la zona, que nunca fueron tales, quedándose con los beneficios que alcanzaban el 100 por ciento del valor invertido; existen varias sentencias del Consejo de Estado donde concluye que fueron evidentes los fraudes. Mientras tanto, decía un parlamentario indígena que ellos pusieron los muertos, pero los beneficios del Estado pasaron sobre sus cabezas, en avión.

La gran mayoría de fraudes y evasiones nacen con la propia legislación; desde el momento en que empiezan a discutirse los innumerables proyectos sobre beneficios fiscales se abren las oportunidades de evasión, que además sus beneficiarios pretenden eternizar con el argumento de la confianza legítima. Y la costumbre se extiende; no es extraño, entonces, que los genios de la economía que empiezan a adelantar las campañas políticas, reiteren, de manera simplista e irresponsable, que la solución para los problemas del país pasa por reducir la tributación. Claro que no dicen cómo se va a financiar el Estado.

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