Horacio Ayala Vela

La ley árbol de Navidad

Los efectos que se esperan son dudosos, ya que no se advierten medidas que garanticen generación de

Horacio Ayala Vela
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Horacio Ayala Vela
diciembre 17 de 2010
2010-12-17 11:04 a.m.
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El proyecto de ley sobre Normas Tributarias de Control y para la Competitividad parece avanzar sin mayores tropiezos en el Congreso, y además ha sido enriquecido con algunas buenas iniciativas. No se puede decir lo mismo de la llamada Ley del Primer Empleo, que compila diez propuestas diferentes.


El tímido plan de minireforma tributaria que presentó el Gobierno ya triplica el número de artículos de su versión original; y aunque ha sufrido muchos cambios, en términos generales se puede decir que conserva la idea y la estructura original a través de su periplo por el Congreso.

 

Su eje central sigue siendo la eliminación de algunos beneficios injustificados en materia de impuesto de renta y el control a la evasión del cuatro por mil.


Dentro de las adiciones sobresale la eliminación del cálculo del ingreso estimado para las exportaciones de minerales, que ha venido ‘minando’ notoriamente los rendimientos tributarios; la reducción de la tarifa de retención en la fuente sobre créditos no poseídos en paraísos fiscales -que habíamos sugerido en estas mismas páginas-; el incremento de la deducción del cuatro por mil del 25% al 50%; una amnistía parcial de los intereses de mora en el pago de impuestos, y la creación de una retención en la fuente sobre la exportación de hidrocarburos y minerales.

 

Lástima que no se insista en eliminar de una vez el rebuscado tratamiento especial del leasing financiero, facilitando la aplicación de las Normas Internacionales de Contabilidad, en las que Colombia está empeñada.


Por el contrario, el proyecto sobre primer empleo contiene una serie de medidas de toda pelambre, confusas, difíciles de aplicar en la práctica y algunas casi incontrolables.

 

Más parece un catálogo de buenas intenciones, que un programa serio que apunte de manera efectiva a la reactivación económica y a la generación de empleo. Además, parece que en la acumulación de las propuestas de los diferentes proyectos no se han tenido en cuenta normas similares que todavía están vigentes, generando confusión, como la que define el concepto de pequeñas empresas.


Los efectos que se pueden esperar son dudosos, ya que no se advierten medidas creativas que garanticen la generación de nuevos puestos de trabajo, que es la única forma efectiva de combatir el desempleo.

 

Las acciones previstas en el proyecto podrían impulsar a algunas compañías a formalizarse, pero ello no garantiza que se reduzca el desempleo y el subempleo.

 

Son tantos los temas y los casos previstos en el proyecto, que es difícil tratar de precisar sus verdaderos alcances; lo que sí se puede anticipar es que se necesita un ejército para controlar la cantidad y diversidad de requisitos, formalidades y restricciones contenidas en las normas propuestas, y que algunas pueden crear nuevos focos de evasión.

 

La burocracia requerida para poner en práctica las medidas podría reducir el desempleo: lo que seguro no se va a reducir y menos aún a simplificar es el Estatuto Tributario, con las numerosas adiciones y modificaciones que le están colgando a este árbol de Navidad. ¿Vale la pena tanto esfuerzo sólo para cumplir un compromiso político?
 

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