Horacio Ayala Vela
columnista

Los profetas del desastre

Es injusto ignorar el impacto de los precios de los commodities en la economía, algo que reconoce y sufre gran parte del mundo.

Horacio Ayala Vela
POR:
Horacio Ayala Vela
agosto 02 de 2017
2017-08-02 09:04 p.m.
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En una entrevista en El Tiempo, Alejandro Gaviria, ministro de Salud –uno de los mejores de este gobierno– señalaba que: “Las comparaciones de la gente no son entre lo que tenían hace diez o 20 años y lo que tienen ahora, sino entre lo que tienen ahora y lo que quieren tener”. Esta frase refleja la inconformidad de la gente –en especial la más desposeída–, pero, además, evidencia la forma amañada como algunos profetas del desastre distorsionan o ignoran la verdad con inocultables intenciones electoreras.

Interpretando de manera objetiva la frase de Alejandro –cuya recuperación fervientemente deseamos–, otro diario local compara algunas cifras del 2009 que, según afirma, fue el más complejo del gobierno anterior en materia económica, con la situación de 2016. Por ejemplo, en 2016 la economía creció 2%, ligeramente superior a lo alcanzado en 2009. Esta cifra es similar al crecimiento anual per cápita de Colombia desde mediados del siglo XX. La tasa promedio de desempleo en 2016 fue de 9,2%, comparada con 12,2% en 2009, e inferior en más de dos puntos a la tasa promedio en los años del siglo XXI, sin que la calidad del empleo se haya deteriorado; la informalidad, que era de 51,5% en 2009 cayó a 47,2% en 2016 y el número de afiliados a fondos de pensiones creció cerca del 40%. Lo mismo ocurre con las tasas de inversión, y a ello agregamos los avances en infraestructura, como los que se vienen logrando en aeropuertos y carreteras.

En otras áreas, Confecámaras señala que en el primer semestre de 2017 se crearon 177.545 unidades productivas, 8,3% más que en 2016, y, por el contrario, el número de liquidaciones bajó a 24,8%.

La Superintendencia de Sociedades, en el Boletín Jurídico, mayo del 2017, basada en la muestra de las 1.000 empresas más grandes, dice que los ingresos operacionales se incrementaron en 5,07% respecto al 2015, las ganancias crecieron en 113,37% y la rentabilidad sobre patrimonio aumentó 4% en el mismo periodo. En lo que respecta al sector financiero, la Superintendencia del ramo reveló que en 2016 sus vigiladas obtuvieron ganancias por $16,4 billones, reflejando un incremento de 24,8% en comparación con 2015.

No se trata de mostrar solo los buenos resultados, utilizando argumentos similares a los de los profetas del desastre; es evidente que no todo es malo, ni todo lo malo se debe achacar al gobierno que se pretende desprestigiar –quizá por haber cometido el gran ‘pecado’ de adelantar un proceso de paz–. Es injusto y deshonesto ignorar el impacto de los precios de los commodities en la economía, algo que reconoce y sufre una buena parte del mundo. Desde hace muchos años se ha discutido y escrito sobre los peligros de depender de esos recursos; en 1994 se creó el Consejo Nacional de Competitividad, seguido por otra serie de instituciones y normas, inoperantes hasta ahora. La caída de los precios del petróleo y sus impactos son inobjetables, no son imaginación de los ‘castrochavistas’, como algunos suelen etiquetar ahora a quienes defienden el proceso de paz.

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