Horacio Ayala Vela

La Ocde y Piketty

Horacio Ayala Vela
Opinión
POR:
Horacio Ayala Vela
febrero 11 de 2015
2015-02-11 03:35 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdbebca4157.png

La creación de una comisión para estudiar el sistema tributario, en la reciente reforma, coincide con la recomendación del informe de la Ocde, aunque este se refiere de manera expresa a la necesidad de una reforma integral. Reiterando lo señalado por otros organismos, como el Banco Mundial, dice el informe que el sistema tributario colombiano hace poco por reducir la alta desigualdad, y que el recaudo del impuesto de renta personal es bajo debido a generosas exenciones y deducciones que favorecen principalmente a los ricos, como las pensiones elevadas y los dividendos. También menciona las altas tarifas de las sociedades.

Pero como Piketty también está de moda es inevitable consultarlo. Además de su novedosa tesis sobre el impuesto anual y progresivo que grave el valor neto de los activos que cada persona controla –que él mismo califica como una utopía útil–, trae frases que resultan muy oportunas hablando de la desigualdad: “La redistribución moderna no consiste en transferir las riquezas de los ricos a los pobres, o por lo menos no de manera tan explícita, reside en financiar servicios públicos e ingresos de reposición más o menos iguales para todos, sobre todo en el ámbito de la educación, la salud y las jubilaciones”.

Alude, por supuesto, al gasto social y a un sistema en el cual los ciudadanos paguen impuestos en relación con su real capacidad. En otras palabras, que la tributación sea equitativa, progresiva y eficiente, como reza nuestra Constitución. Pero la progresividad, que es parte de la equidad, debe entenderse de manera integral, con relación a todos los ingresos que recibe un individuo, lo cual exige incorporar las rentas de trabajo, las rentas de capital y las herencias, que constituyen las fuentes básicas del enriquecimiento, así las últimas frecuentemente se ignoren.

En Colombia se incrementó la tributación de las personas, pero solo para las rentas de trabajo, gravando incluso ingresos inexistentes –caso, profesionales independientes–, mientras se mantienen exonerados los dividendos y otras rentas perezosas, como las enormes ganancias en las ventas de empresas. Se copió el Iman, que fue inventado en Estados Unidos para que los más ricos no redujeran sus impuestos mediante el uso abusivo de gastos –lo dice Bruce Bartlett en The Benefit and The Burden–, pero, de nuevo, solo para las rentas de trabajo. Además, el impuesto sobre las herencias se redujo a la tercera parte con claros efectos sobre la desigualdad, y se siguen sumando impuestos proporcionales a las sociedades, que agudizan la regresividad del sistema. Es decir, sí se aplican las fórmulas de la Ocde y de Piketty, pero al revés. Porque, para ese autor, “…el impuesto progresivo es un elemento esencial para el Estado social: desempeñó una función clave en su desarrollo y en la transformación de las estructuras de las desigualdades en el siglo XX, y es una institución central para garantizar su viabilidad en el siglo XXI”.

Por reiteradas en todos los estudios sobre el tema, pero ignoradas a la hora de la verdad, las fórmulas de los expertos se han esfumado sistemáticamente. Ojalá que el interés por ingresar al club de los ricos consiga que finalmente encuentren destinatario.

Horacio Ayala Vela

Consultor privado

horacio.ayalav@outlook.com

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado