Horacio Ayala Vela

Los otros impuestos

Horacio Ayala Vela
Opinión
POR:
Horacio Ayala Vela
junio 02 de 2015
2015-06-02 04:36 a.m.
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En medio de las angustias económicas del Estado, es evidente el ambiente de preocupación de los ciudadanos por los excesivos niveles de tributación, hasta el punto que en varios sectores de la geografía nacional se los señala como el mayor problema que enfrentan los empresarios, por encima incluso del contrabando y la corrupción. Pero, además de las tarifas de los impuestos en Colombia, que de lejos son las más altas del entorno latinoamericano, los contribuyentes y, en general, los ciudadanos deben soportar otras cargas ocultas.

Para los de a pie, trabajadores principalmente, es claro que de cada peso que reciben, el Estado muerde un trozo denominado retención en la fuente, y sobre cada compra de bienes o servicios deben pagar el IVA y el gravamen al consumo. Además del impuesto sobre el vehículo y apartamento, que sube de manera inmisericorde por cuenta de los constructores, que son los verdaderos ganadores con los incrementos de la propiedad raíz. Otros tributos no se ven fácilmente, como el de la gasolina, los que trasladan los comerciantes en los precios, los peajes y las contribuciones pegadas a otros pagos, como el Soat, sin olvidar los que van en los precios de los licores y cigarrillos, o los que gravan los espectáculos públicos.

Aparte de la carga emocional que generan las frecuentes fallas informáticas de la Dian, hay otra que resulta dramática y devastadora: un pequeño descuido en la declaración y pago del IVA puede llevar a un ciudadano a la cárcel. Varios meses después de haber pagado los impuestos, sanciones e intereses, las cuentas del contribuyente se mantienen embargadas y sigue el proceso penal que se le adelanta; el ciudadano continúa recibiendo requerimientos de cobro de la Dian, en medio del temor de que en cualquier momento pueda ser detenido. Todo, porque los pagos de impuestos realizados en los bancos tardan mucho tiempo en ser abonados en las cuentas de los contribuyentes, si es que ello ocurre.

Además, el costo administrativo para cumplir con los requerimientos de la administración tributaria tampoco es despreciable. En vez de suministrar simplemente la información disponible, las empresas deben elaborar, con destino a la administración tributaria nacional y a las territoriales, copiosos anexos en medios magnéticos, cada vez más complejos, detallados y extensos. Las sobrecargas tributarias de estas labores son mayores, agravadas recientemente con las no menos ambiciosas exigencias de la UGPP. Datos que deberían surgir fácilmente de la contabilidad, se han complicado de tal manera, que han obligado a ampliar de manera significativa los departamentos de impuestos de las empresas y a contratar con especialistas, porque las administraciones de impuestos no están capacitadas para hacer la tarea internamente.

Estos hechos aportan poco o nada al ambiente para desarrollar una verdadera cultura tributaria, en especial en medio de una atmósfera donde los ciudadanos, apoyados en las noticias diarias sobre corrupción, desconfían prácticamente de todos los estamentos del Estado. Y donde la educación, la salud, la seguridad y (ahora, aparentemente, hasta la justicia) hay que comprarlas, a pesar de que, se supone al menos, para ello deberían servir los impuestos.

Horacio Ayala Vela

Consultor privado

horacio.ayalav@outlook.com

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