Horacio Ayala Vela

Panamá dos, Colombia cero

Horacio Ayala Vela
Opinión
POR:
Horacio Ayala Vela
noviembre 25 de 2014
2014-11-25 04:06 a.m.
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Esperamos once años, desde cuando se expidió la ley de paraísos fiscales, para conseguir un pírrico acuerdo de promesa de intercambio de información con Panamá, pero para evitar la doble tributación. Nuestros sabios gobernantes tenían que haber medido el poder de las armas económicas y de la capacidad de retaliación de nuestro vecino, antes que pasar por una bochornosa reculada, así se la pinte de triunfo moral.

Poco o nada logran los acuerdos de doble tributación con los paraísos fiscales; ese no es el problema del fisco ni de los empresarios que operan sin disfrazar las operaciones, porque nuestra legislación cuenta con mecanismos para neutralizar sus efectos. La evasión fiscal a través de paraísos fiscales se presenta principalmente mediante: giros de utilidades sin pagar impuestos, disfrazados como contratos por prestación de servicios; triangulación de las operaciones mediante las sociedades offshore, y ocultamiento de la identidad de los propietarios de bienes ubicados en el país.

En el primer caso, se crean sociedades que fungen como prestadoras de servicios o asistencia técnica, pero que en realidad sacan las utilidades del país sin impuestos o con tasas muy bajas. En el segundo caso, las sociedades offshore operan como intermediarios entre el vendedor y el real comprador de los productos, dejando la mayor utilidad en el territorio donde no tributan. En el tercer caso, esas sociedades aparecen como propietarias de cuantiosos bienes ubicados en el país, que no pagan impuesto de renta ni patrimonio, gracias a una norma que así lo permite y a la ausencia total de fiscalización sobre esos bienes.

Panamá y las Islas Vírgenes Británicas (BVI) son dos destinos preferidos para estos propósitos; aparecen en los primeros lugares como inversionistas en nuestro país y destinatarios de la inversión colombiana, pero las dos han sido excluidas de la lista de paraísos fiscales en Colombia. Su principal vehículo de evasión son las sociedades offshore, que se constituyen por correo a través de apoderados, emiten acciones al portador y no tienen obligación de pagar el capital ni de llevar contabilidad. La dificultad para crearlas consiste en encontrar un nombre que no aparezca en los registros, problema que BVI ha solucionado permitiendo que en vez de nombres se identifiquen con números. Según sus promotores, Panamá tiene registradas más de 500.000 en los 87 años de existencia de la ley que las autorizó; BVI cuenta con más de 600.000 y se jacta de ser el segundo destino en el mundo, después de Hong Kong, a pesar de que empezaron en 1984.

Claro que la herramienta es importada, pero sus instrumentadores –que utilizan el eufemismo ‘planeación tributaria’– insisten en que todo lo legal es ético, y que es legítimo engañar al fisco a través de una sociedad de fachada aquí o en el exterior; en Colombia se pretende que todo lo que se haga por medio de una sociedad es legal. Lo cierto es que, contando el caso de la exdirectora del DAS y el oso de los paraísos fiscales, nos metimos dos autogoles; pero si agregamos la avalancha de contrabando que ingresa al país permanentemente, vamos perdiendo por goleada.

Horacio Ayala Vela

Consultor privado

horacio.ayalav@outlook.com


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