Horacio Ayala Vela

De reyes y reyezuelos

Horacio Ayala Vela
POR:
Horacio Ayala Vela
junio 10 de 2014
2014-06-10 01:02 a.m.
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La abdicación del Rey Juan Carlos ha opacado otras noticias, unas buenas y otras malas. Malas, por ejemplo, el resurgimiento de la extrema derecha en Europa y la farsa de elecciones en Siria.

Una buena, la decisión del Gobierno español de morigerar el polémico proyecto de ley de seguridad ciudadana, que según sus opositores pretendía restringir en forma exagerada el derecho a la privacidad y a expresar el descontento, usando métodos de otras épocas. Quienes tuvimos la oportunidad de ver la España de los años ochenta y vemos la de ahora, no podemos menos que admirar el cambio que trajo el modelo inspirado por el Rey Juan Carlos y ejecutado admirablemente por Adolfo Suárez.

Sin duda, Felipe VI seguirá siendo, como su padre, un punto de encuentro de la democracia y la prudencia, indispensable en un país donde también existen -aunque quizá en menor grado que en el nuestro- dirigentes y politiqueros mediocres y corruptos. Ya en sus primeras declaraciones, antes de la coronación, el nuevo monarca ha pedido a los españoles que antepongan el bien común a los intereses particulares.

Mientras esto ocurre afuera, en nuestro país la gente piensa más en el Mundial de futbol que en las elecciones, gracias a una campaña llena de incidentes que, además de sucios y vergonzosos, algunos bordean el Código Penal.

Todo esto sucede en medio de un debate mundial sobre la desigualdad, disparado gracias al libro de Piketty. Este debería ser el tema central de las campañas electorales, porque Colombia no sale bien librada en las mediciones; a pesar de algunas mejoras y de las buenas cifras macroeconómicas seguimos liderando las listas.

No basta tener buenas estadísticas si no se reflejan en la calidad de vida de los ciudadanos; como decía Ulpiano Ayala Oramas, la economía debe estar al servicio de la gente. El diario El Tiempo publicó recientemente estadísticas de Latinvex que muestran que las ganancias de las empresas colombianas fueron el 14,5 por ciento de sus ventas, frente al 3,9 por ciento del conjunto de América Latina.

Si nos atenemos a las cifras publicadas por la Dian esa situación no se refleja en los impuestos, que según Piketty y su equipo son una de las causas de la concentración de la riqueza y que en Colombia no han contribuido a reducir la desigualdad.

¿Será que la agresividad y los métodos que muestra la campaña de la extrema derecha colombiana -paradójicamente en buena parte de extracción liberal- a través los métodos del todo vale, tiene un tinte económico y añora los tiempos de bonanza de los beneficios tributarios o de las repartijas en la Dirección de Estupefacientes y el Agro Ingreso Seguro, o los robos de tierras, violentos o tinterillos, al Estado y a las minorías étnicas?

Ojalá no volvamos a vivir esas épocas, ni las de los espías o la policía secreta del Gobierno o la proliferación de informantes -que se quiso extender a los estudiantes- al mejor estilo Hitler, Franco, Pinochet y demás reyezuelos.

Y que podamos referirnos en tiempo pasado al eterno viudo del poder, como El Rey que Rabió, como en la zarzuela, aunque se enoje Chapí.

Horacio Ayala Vela

Consultor privado

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