La ronda de Cartagena

Humberto de la Calle
POR:
Humberto de la Calle
abril 26 de 2012
2012-04-26 12:39 a.m.

Arranca en Cartagena una nueva ronda del TLC con Corea, en una negociación que se ha prolongado demasiado, más que el tiempo invertido en la discusión de los cruciales tratados con Estados Unidos y Europa.

Conviene dar por terminado este asunto de una buena vez.

Se aproxima la visita del presidente coreano.

Si un TLC con Corea es la puerta de entrada al mercado de Asia-Pacífico, sería un verdadero fiasco que el mandatario encontrara que aún el acuerdo es esquivo.

O peor, que la puerta se ha cerrado definitivamente.

Hasta donde se sabe, las líneas delicadas son lácteos y cárnicos, por parte de Colombia, y vehículos y electrodomésticos del lado coreano. Colombia ha exigido una apertura importante en en el sector agropecuario.

Nuestro gobierno tiene razón. Se han reactivado voces inconformes en los gremios del campo, a propósito del tratado con EE. UU.

No es bueno repetir esto. Sobre todo cuando en el caso de Corea las economías son complementarias en este terreno.

Corea tiene un volumen importante de consumidores (49 millones), un poder adquisitivo abultado (US$ 24.000 per cápita), y una agricultura y ganadería pequeñas, que no guardan relación con su enorme desarrollo industrial y su ubicación dentro de los primeros 20 inversionistas del mundo.

Es claro que la reticencia coreana se genera más en dificultades políticas que en problemas de comercio.

Sería un error de ambos países que se desaprovechara esa armonía macroeconómica. Colombia tendría la oportunidad de un TLC sin efectos nocivos en el campo y con ventajas apreciables.

Del otro lado, hay que distinguir: en electrodomésticos, es cierto que hay que establecer mecanismos que preserven esta industria. No ocurre igual con automotores. El exótico y prolongado proteccionismo en vehículos no ha significado ventaja real para el consumidor colombiano ni ha generado la densidad de empleo que esperaban quienes lo promovieron hace décadas.

Para agravar el panorama, el ingreso de vehículos mexicanos ha generado un mayor desbalance en el mercado.

En efecto, por aplicación de los tratados con este país, hay un volumen creciente de oferta con arancel cero, creando distorsiones importantes y alterando una mínima equidad en el mercado. Del 2010 al 2011, el número de vehículos que ingresó saltó de 21.147 a 24.187.

General Motors, principal importador de vehículos mexicanos, pasó de 6.533 unidades en 2010 a 7.366 en el primer semestre de 2011. Incluso, las ensambladoras, que dicen defender el “carro nacional”, ahora dedican buena parte de su trabajo a importar carros mexicanos.

Pero como la competencia sufre el impacto del arancel, tenemos casos como este: según metodología de Andemos, el Volkswagen Jetta que entra con arancel cero le cuesta al consumidor colombiano un 18,97 por ciento más. Esta abultada suma, que se repite en otras marcas, no va en beneficio de los trabajadores, sino que favorece los balances de las transnacionales de vehículos.

En resumen, hay que apoyar la postura colombiana de exigir apertura en el sector agropecuario. Sería un error desechar una negociación por cuenta del lobby de las ensambladoras.

Además, no hay que perder de vista el interés estratégico de Colombia en abrir la llave de los países del pacífico asiático.

Humberto de la Calle

Exvicepresidente de Colombia

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