El TLC con Corea: luces y sombras

Humberto de la Calle
POR:
Humberto de la Calle
febrero 09 de 2012
2012-02-09 03:33 a.m.

Tres clases de argumentos se han oído contra el TLC con Corea. Se dice que la oferta agrícola es insuficiente, pero el martes Corea la extendió al 80% de los productos del campo.

Este deberá ser el primer TLC en el que la agricultura no sufra.

El segundo argumento habla de una pérdida de “cientos de miles de empleos”. Es una falacia.

Según la Encuesta Nacional Manufacturera del Dane, la industria de ensamblaje genera 10.432 empleos (2008), incluyendo temporales y la porción de las autopartes usadas en los procesos de ensamblaje.

Empleos importantes, sí, pero esto hay que mirarlo desde una perspectiva general: cuántos trabajos se pierden en el sector automotor y cuántos se crearían en el campo. Hay que tener en cuenta el empleo que genera el comercio de vehículos importados, que se ramifica en concesionarios, distribuidores, proveedores, mantenimiento, etc.

El tercer argumento se basa en la idea de que hay que proteger la industria nacional. Esto sería cierto si se tratara de una industria naciente mientras se pone al día frente a sus competidores.

Pero después de décadas de protección, Colombia no ha podido dar el paso de esta etapa embrionaria y desarrollar una verdadera industria automotriz.

La protección efectiva a las ensambladoras es del orden del 120% y la integración de partes nacionales ha declinado. Al dividir esta cifra por el número de empleos total, el gasto del Estado y de los particulares que pagan aranceles del 35% arroja que cada empleo le ha costado al país entre 90 y 120 millones al año.

El dinero del consumidor no va al bolsillo del trabajador, sino a las multinacionales del ensamble. Además, ¿cómo se explica que un carro coreano valga casi lo mismo que el ‘nacional’?

Porque las ensambladoras en vez de bajar los precios resolvieron pegarse al techo, lo que significa que el esfuerzo arancelario sale del bolsillo del consumidor en beneficio de las multinacionales del ensamblaje. ¿Por qué hemos aceptado el ingreso con arancel menor de vehículos de Europa, EE. UU. y México, pero no los originados en Corea?

Esta última situación se torna inexplicable si se toma en consideración que muchos de los carros desemsamblados (CKD) con cero arancel vienen, también, de Corea, hecho que no molesta a las multinacionales que se benefician a dos carrillos: con los ‘carros nacionales’ super protegidos y, a la vez, con los importados coreanos (CKD) sin arancel.

En 2011 los carros importados por las ensambladoras ascendían a 22.776.

Esta línea es la que ha tenido un crecimiento más vertiginoso, muy por encima del incremento de los vehículos ensamblados. ¿Por qué uno importado de México con cero arancel no destruye empleo y en cambio sí lo hace el importado de Corea?

¿Y cómo es posible que esa importación la haga alguien con la camiseta de importador, mientras ese mismo, con la camiseta de ensamblador, se opone a nuevos tratados? Esta situación implica que hay una profunda distorsión del mercado.

Una discriminación injusta en contra de unos importadores y de un gran número de consumidores que tienen derecho a que se amplíe la oferta.

Los recientes ataques al TLC acusan una fuerte miopía, porque tampoco enfocan algunos ángulos adicionales sobre la conveniencia del acuerdo: el efecto estratégico de un primer tratado como puerta de entrada a Asia-Pacífico, las posibilidades en materia de inversión y el amplio campo de la transferencia de tecnología, etc.

La evaluación debe hacerse desde una perspectiva nacional y no a partir de la estrecha órbita de un sector industrial por importante que este sea.

Humberto de la Calle

Exvicepresidente de Colombia

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