Iván Duque Márquez
análisis

Los retos del pos-Santos

El Desafío que tiene Colombia es grande porque el gobierno Santos va a entregar un panorama económico adverso.

Iván Duque Márquez
Opinión
POR:
Iván Duque Márquez
agosto 17 de 2016
2016-08-17 08:39 p.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/19/56c785f521195.png

Esta semana se inicia la discusión del Presupuesto General de la Nación para el año 2017, y es un deber examinar cada uno de sus componentes a la luz del Marco Fiscal de Mediano Plazo. Solo un ejercicio de esta naturaleza nos permite conocer, en detalle, lo que le espera a Colombia tanto en los dos últimos años de la administración Santos, como la herencia que le espera al país a partir de agosto del 2018.

Lo primero que debemos conocer es que los escenarios del Marco Fiscal en los que está cimentado el presupuesto tiene números distantes a la realidad. El gobierno está planteando que nuestra economía crecerá un 3 por ciento en el 2016, cuando el propio Banco de la República habla de 2,3 por ciento, y los analistas del mercado, en promedio, hablan de 2,5 por ciento. Esto ya debe alertar sobre el optimismo de las bases.

Cuando de desagregan los sectores de la economía, el gobierno espera un crecimiento de la agricultura del 1,1 por ciento y un decrecimiento de la minería del 5,6 por ciento. Para centros académicos como Fedesarrollo, el panorama es mucho más oscuro y espera que la agricultura se sitúe en el 0,5 por ciento, y la minería, con un decrecimiento del 6 por ciento.

¿Por qué esto nos debe preocupar? Para empezar, nuestro país sigue dependiendo mucho del sector minero-energético, ya que sigue representando el 48,4 por ciento de nuestras exportaciones, las cuales en lo corrido del año han caído 27 por ciento.
Como complemento al difícil panorama externo, hay que reconocer que estaremos enfrentando este año un déficit de cuenta corriente cercano al 6 por ciento del PIB, y que requerirá un duro ajuste para disminuirlo.

En el frente fiscal, las cosas no son distintas. Terminaremos el año con un déficit de 32 billones de pesos, muy cercano al 4 por ciento del PIB. Esta combinación de problemas en los frentes externo y fiscal se ve seriamente agudizada por una inflación fuera del cauce previsto por el Banco de la República y una confianza del consumidor que se ha situado en terreno negativo durante un semestre continuo.

¿Cuál será, entonces, la herencia después del año 2018? Según el Marco Fiscal, con todos los elementos adversos que se anticipan, la próxima administración deberá adelantar un ajuste de dos puntos del PIB entre los años 2018 y 2022. Como si fuera poco, el nuevo gobierno deberá recibir vigencias futuras por cerca de 85 billones de pesos hasta el 2040, en las que el 68 por ciento corresponden a Alianzas Público Privadas, configuradas con supuestos financieros que hoy no existen.

Para nadie es mentira que muchas de las vías 4G fueron proyectadas con crecimiento económico del 4,5 por ciento, una inflación del 3 por ciento y un dinamismo de vehículos por día, con precios y producción minero-energética que hoy no son coherentes.

Cabe preguntar, ¿qué pasó con los recursos de la bonanza minero-energética experimentada entre el 2011 y el 2014? Aunque el Marco Fiscal trata de justificar la inversión, el propio documento tiene serias inconsistencias. ¿Por qué si se ha dado tanta inversión, como dice el gobierno, y se ha detonado el sector de infraestructura, el propio gobierno disminuye el crecimiento potencial de la economía? ¿Por qué si es tan evidente la transformación en infraestructura, hemos bajado en la clasificación del Foro Económico Mundial correspondiente a calidad de infraestructura?

La lectura más importante de los desaciertos gubernamentales está en que se expandieron los gastos permanentes de la nación, soportada por una renta temporal y haciendo gambetas a la regla fiscal. Esa política de pan para hoy, hambre para mañana, nos está pasando la factura, como se evidencia en el presupuesto del año 2017.

Para el año entrante tendremos menos recursos de alimentación escolar, y apenas 211 mil millones para calidad preescolar. En materia de Defensa y Seguridad, el país tendrá 57 por ciento menos recursos de inversión frente al año 2015. El ramo agrícola tendrá 56 por ciento menos de inversión que en el 2015, mientras que el sector de la salud tendrá una caída en la inversión del 92 por ciento frente al presupuesto aprobado dos años atrás. Duele también que, mientras el gobierno se jacta de su discurso ambiental, el sector solo tendrá el 0,8 por ciento del presupuesto de inversión.

Así las cosas, el reto que tiene Colombia es grande porque el gobierno Santos va a entregar un panorama económico adverso en medio de grandes presiones sociales y debilidad fiscal de las regiones. Es irresponsable que se deje al país con la urgente necesidad de hacer un ajuste doloroso, en lugar de asumir la responsabilidad histórica del derroche de la bonanza más grande de nuestra historia y corregir el rumbo.

En el pos-Santos tendremos que corregir el camino y pensar en un modelo basado en el crecimiento, la inversión, la expansión industrial, la diversificación exportable, la lucha contra la evasión, el ahorro y una menor dependencia fiscal del petróleo. Esa es nuestra realidad y tenemos que hacerlo.

Iván Duque Márquez
Senador

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado