Iván Duque Márquez
columnista

Desconfianza inversionista

Hoy, los países que ahorraron reducen impuestos, son más competitivos y atraen inversión, mientras en el nuestro ahogamos la inversión.

Iván Duque Márquez
Opinión
POR:
Iván Duque Márquez
noviembre 30 de 2016
2016-11-30 08:30 p.m.
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La economía colombiana pasa por su peor momento de los últimos años. La desaceleración se agudiza, la inversión extranjera directa no levanta cabeza, la inflación y la confianza del consumidor se agravan. En ese contexto es urgente que el país recupere la confianza para invertir, justo en momentos en los que muchos de nuestros competidores mejoran las condiciones tributarias y regulatorias para atraer capital.

Mientras se examinan estas realidades, vale la pena preguntarse si la reforma tributaria estimula la inversión nacional y extranjera en nuestro país, o, por el contrario, la disuade con sus alteraciones súbitas en las reglas de juego. Una evaluación de algunos sectores debería servir de método para identificar y corregir a tiempo algunos errores que se están cometiendo.

Uno de los puntos graves de la reforma está relacionado con la pequeña y mediana empresa. Al definir una tarifa única para estas se crea una afectación a las de menor tamaño, debido a que la carga tributaria tendría un mayor peso relativo a sus ingresos en comparación con las empresas de mayor tamaño. Perpetuar esta gravosa situación es un desestimulante para los pequeños emprendimientos de valor agregado, propiedad intelectual, creatividad y tecnología, que cuentan con mejores condiciones en otros países.

En el caso de las empresas en general, aunque el gobierno indica que se han alivianado las cargas para estimular más inversión, la realidad muestra otra cosa. Si se examina la combinación de impuestos de renta, dividendos y aumento de la renta presuntiva, la carga tributaria nueva puede llegar a ser incluso superior a la existente, dificultando la competitividad empresarial.

Desde una óptica de estabilidad jurídica es grave el aumento en la tributación a las zonas francas. Luego de haber promovido esta figura que ha generado miles de empleos directos e indirectos, aportado a las actividades exportadoras y atraído inversión con valor agregado, se ha detonado un incremento en la carga de renta del 15 al 22 por ciento. Un cambio así de brusco generará dudas sobre los incentivos y la estabilidad jurídica que ofrece Colombia.

La situación del sector minero no deja de ser menos preocupante. La inversión extranjera en el ramo ha caído cerca de 40 por ciento, afectando múltiples regiones y produciendo serios efectos en términos laborales. Las tarifas corporativas que persigue la reforma le quitan competitividad al país, mucho más si se contabiliza la tarifa de dividendos para firmas del exterior y se suman las limitaciones para deducciones por depreciación y amortización de activos intangibles y fijos.

Una mirada más profunda a la reforma permite identificar que se golpean con mayores cargas a sectores creativos como libros y revistas, en un país con bajos índices de lectura y una amenazante piratería. Los golpes también se sienten en el sector forestal y en algunos servicios, como la provisión de tecnología e internet.

Colombia nunca ahorró en la época de ‘vacas gordas’ e incrementó los gastos permanentes en medio de una bonanza de ingresos transitorios. Hoy, los países que ahorraron reducen impuestos, son más competitivos y atraen inversión, mientras en el nuestro hacemos más difícil el clima de negocios y ahogamos la inversión.

Iván Duque Márquez
Senador
ivanduquemarquez@yahoo.com

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