Deshonestidad irracional | Opinión | Portafolio
Iván Duque Márquez

Deshonestidad irracional

Iván Duque Márquez
POR:
Iván Duque Márquez
octubre 11 de 2012
2012-10-11 03:14 a.m.
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Daniel Ariely es uno de los estudiosos más reconocidos de la economía del comportamiento.

Sus artículos y libros suelen causar polémicas, y sus reflexiones han sido tenidas en cuenta para grandes debates asociados a políticas públicas y prácticas empresariales.

Recientemente, Ariely publicó un artículo en la revista Foreign Policy, en el cual hacía referencia a la honestidad de los poderosos. Como preámbulo de su análisis, Ariely citó una encuesta Gallup hecha en EE. UU., donde solo el 7% de los encuestados expresó tener un buen concepto de los políticos cuando se trata de honestidad.

La razón principal de esta percepción se debe, quizás, al incumplimiento de promesas, la variación de sus posiciones y la capacidad constante de anteponer los intereses inmediatos a los mandatos de los electores.

Si bien es cierto que todos los seres humanos se exponen a mentir en determinadas circunstancias, la exigencia a los políticos para tener un estándar más alto responde a su condición de representantes públicos de los ciudadanos.

Sin embargo, como lo destaca Ariely, amparado en un estudio de las Universidades de Tilburg y Northwestern, cuando las personas están en posiciones de poder suelen no solo ser más proclives a mentir y engañar, sino que relativizan sus comportamientos.

Tal vez por eso hay figuras públicas que son capaces de apartarse de las plataformas programáticas con las cuales se eligieron, sin la más mínima ruborización.

Y ni qué decir de aquellos líderes que son capaces de pasar de una posición extrema a otra, en aras del pragmatismo, desorientando por completo a los votantes.

Estas prácticas estudiadas por Ariely en su último libro, La honesta verdad de la deshonestidad, suelen caer en un comportamiento contradictorio, donde, por un lado, se pretende parecer honorable, y, por otro, maximizar o capitalizar los rendimientos, en este caso, electorales.

Lo curioso del asunto es que estas actuaciones no siempre responden a detonantes racionales; por el contrario, son producto de impulsos irracionales de ambición o superioridad.

Pero no todo es trágico en este análisis. Se puede lograr evitar esta práctica, y para ello es necesario contar con una constante recordación de principios.

En el caso de los políticos, es importante que los electores honren el voto programático y realicen un constante escrutinio a la gestión, haciendo notorias las contradicciones de quienes se dicen sus representantes.

Además de estos postulados, el estudio sirve para reconocer que los verdaderos líderes deben ser personas predecibles, en las cuales los ciudadanos puedan confiar y sepan hacia dónde se dirigen y bajo qué parámetros se guían.

Rossa Moss Kanter, de Harvard, dijo que el liderazgo requiere consistencia, congruencia, competencia y cariño genuino por la gente, mientras John Kotter, experto en gestión, habla de honestidad, energía y competencia, como factores determinantes para el éxito de un líder.

Doblegar el pragmatismo amoral es la cuota inicial para derrotar la deshonestidad en la política.

Iván Duque Márquez

Analista

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