Iván Duque Márquez

Evolución conservadora

Iván Duque Márquez
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Iván Duque Márquez
agosto 11 de 2011
2011-08-11 01:36 a.m.
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Barry Goldwater es considerado uno de los más importantes políticos e ideólogos republicanos en la historia de Estados Unidos.

A pesar de haber perdido estruendosamente las elecciones presidenciales en 1964 frente a Lyndon Johnson y de haber sido considerado como un militarista radical en plena Guerra Fría, su pensamiento con relación a los ideales, las políticas y las posturas que debe asumir el conservatismo norteamericano, influenciaron el movimiento que condujo a Reagan a la Casa Blanca.

La esencia del pensamiento de Goldwater quedó plasmada en un libro denominado La Conciencia de un Conservador’.

Esta obra, que vendió millones de copias y que a pesar de su breve tamaño es considerada uno de los tratados más completos de doctrina política estadounidense, se dedica a identificar los fundamentos ideológicos del conservatismo moderno.

La oposición al Estado burocrático que se nutre de los impuestos de los contribuyentes, reclamando un Estado gerencial y concentrado en

sus tareas esenciales; los cuestionamientos a los grandes monopolios y oligopolios, abogando por un sistema de emprendimiento regulado por legislación a favor de la competencia; la defensa de la autonomía de los entes territoriales, la existencia de un sistema tributario simple y la aplicación de mano dura para perseguir y someter al crimen organizado, son elementos que se encuentran impecablemente destacados en el texto.

Durante su carrera, Goldwater también invocó la necesidad de promover valores y fue un férreo opositor de las ideas sobre la despenalización de la droga.

Pero el verdadero legado de este batallador político estuvo en su capacidad de ir contra la corriente y derrotar con argumentos a las más radicales voces de su partido, cuando se trató de proteger libertades individuales.

Goldwater fue un gran defensor de los derechos de las parejas homosexuales y el de las mujeres para decidir frente al aborto.

Cuando el mundo se le vino encima por sus opiniones, en lugar de ceder a la conveniencia electoral o al termómetro de las encuestas, las defendió con solidez y convicción.

Lo primero que dijo es que los derechos homosexuales o la elección del aborto no controvierten postulados conservadores, pues son manifestaciones de las libertades individuales, que no pueden estar sometidas a la intervención autoritaria del Estado.

También rechazó que la religión se convierta en un dogma político para invadir la capacidad decisoria del individuo y para hacer de los partidos políticos voceros de credos propios de la órbita personal.

Detrás de la actitud valerosa de Goldwater reposaban ideas claras. La igualdad no es un derecho relativo y el Estado no debe prohibirle a una mujer decidir sobre una situación que involucra su ámbito físico, sicológico, familiar y espiritual.

Ojalá ejemplos como este sirvan para que en Colombia el debate se dé a conciencia y no para las tribunas de los medios, ni con el látigo de la ‘disciplina de partido’. La defensa de las libertades individuales es la base de una verdadera democracia.

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