Iván Duque Márquez
columnista

Francisco, el hombre

Su aproximación a la corrupción fue contundente: “El corrupto ha construido una autoestima basada precisamente en su tipo de actividades tramposas".

Iván Duque Márquez
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Iván Duque Márquez
septiembre 06 de 2017
2017-09-06 08:45 p.m.
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Es un orgullo para Colombia contar con la visita apostólica del papa Francisco. Su liderazgo y motivación para el pueblo católico es ejemplar, así como el valor de sus profundas reflexiones sobre la ética, la moral y el comportamiento humano.

Más allá de su pontificado, lleno de símbolos y motivaciones, basados en el ejemplo, su santidad Francisco fue antes el sacerdote y el cardenal Jorge Mario Bergoglio. Ese hombre de fe se destacó por sus escritos profundos sobre temas controversiales, invitando al diálogo y la construcción de consensos; en 1991 escribió el ensayo Corrupción y Pecado, en el cual analiza este comportamiento humano ante los ojos de la fe.

Su aproximación a la corrupción fue contundente: “El corrupto ha construido una autoestima basada precisamente en su tipo de actividades tramposas, pasa la vida por los atajos del oportunismo, a expensas de su propia dignidad y la de los demás”. Su propia definición es clara “pecador sí”, “corrupto no”, y “por lo tanto, el pecado se perdona, la corrupción, sin embargo, no puede ser perdonada”. ¿Por qué no cabe el perdón? Porque a su juicio “la corrupción no es un acto, sino un estado personal y social en el que uno se acostumbra a vivir”.

Las tesis de Bergoglio son hoy las mismas tesis que el papa Francisco ha plasmado en su reciente libro El Nombre de Dios es Misericordia, donde señala que “la corrupción es el pecado que, en lugar de ser reconocido como tal y de hacernos humildes, es elevado a sistema, se convierte en una costumbre mental, en una manera de vivir”.

Jorge Mario, el hombre, y Francisco, el Papa, es un abanderado de la lucha moral contra la corrupción. Su apostolado nos invita a la acción frente a este flagelo.

La Colombia que visita el Sumo Pontífice vive una crisis moral. Sobornos en las altos instancias del Estado, mermelada, abusos de la contratación directa, carteles de únicos proponentes, convenios interadministrativos convertidos en vehículos para esquilmar al Estado. A esto hay que sumarle el clientelismo, que escritura entidades a feudos políticos y contratistas que compran consciencias sin ser detectados y sancionados.

La corrupción en Colombia también está en el narcotráfico, en la extorsión, el contrabando, el lavado de activos, el terrorismo, la trata de personas, el tráfico de especies, etc.

Colombia debe enfrentar la corrupción sin vacilaciones. Tenemos que prevenirla con valores cívicos inculcados desde la familia y el sistema educativo. Hay que limitar la contratación directa, desmontar carteles de únicos proponentes, prohibir la contratación con el Estado de por vida para las empresas y dueños de las mismas que corrompan a funcionarios, eliminar las partidas globales en el presupuesto, sancionar ejemplarmente a los funcionarios que incurran en estas prácticas, limitar los periodos en cargos de elección popular, implementar transparencia y hacer públicas las discusiones presupuestales, al igual que permitir mecanismos efectivos y ciudadanos de denuncia.

El Apostolado de la concordia, del medioambiente, de la solidaridad y de la lucha contra la corrupción liderado por el papa Francisco nos debe motivar para que reflexionemos y apostemos con acciones a la reconstrucción moral de nuestro país.

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