Iván Duque Márquez
columnista

La indiferencia de un nobel

El Presidente de Colombia debería estrenar su nobel haciendo un llamado para evitar que la democracia de Venezuela continúe secuestrada.

Iván Duque Márquez
Opinión
POR:
Iván Duque Márquez
noviembre 09 de 2016
2016-11-09 10:17 p.m.
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En el 2004, un reconocido político colombiano describió la situación de Venezuela de la siguiente manera: “Venezuela vive una de las etapas más dramáticas de su historia contemporánea. La democracia ha sido secuestrada por Hugo Chávez. Desde la caída de Marcos Pérez Jiménez en 1958, sus instituciones no habían estado tan amenazadas y violentadas. Todo esto tiene indudables repercusiones políticas y sociales a escala continental, y muy particularmente para nosotros los colombianos. Frente a los últimos acontecimientos no se puede seguir siendo indiferente, porque en situaciones como esta, la indiferencia se vuelve cómplice”.

¿Quién fue ese colombiano? Ni más ni menos que el hoy presidente de Colombia y Premio Nobel de la Paz, Juan Manuel Santos Calderón. El secuestro de la democracia venezolana denunciado en el 2004 es hoy una tragedia aguda profundizada por Nicolás Maduro. Los poderes públicos son capturados, la oposición política acallada y martirizada por el régimen, los medios de comunicación han sido sometidos y el aparato económico derrumbado, hasta el punto de su realidad agonizante.

¿Se puede ser indiferente ante esta realidad? ¿Se puede por las vías diplomáticas legitimar tácitamente las arbitrariedades de un régimen? La respuesta es no. Colombia ha sido un país que ha defendido la libre determinación de los pueblos, pero no por ello puede ser indolente frente a la opresión descarada que padece el tanto el pueblo venezolano como los millones de compatriotas que viven en el vecino país. Guardar silencio complaciente solo podrá incubar males peores que, tarde o temprano, terminarán trayendo nefastas consecuencias al territorio colombiano.

La Venezuela de hoy tiene a los generales cubanos Valdés y Borrego influyendo en la represión económica y política, mientras se consolida la oscura relación de Adán Chávez, Elías Jaua y Tareck El Aissami, con poderes que transitan en las zonas grises, e incluso las rojas de los códigos penales. La Carta Democrática es violada, el Pacto de San José como faro de los derechos humanos en el continente es humillado a diario, a la vez que la escasez de alimentos y la destrucción del aparato industrial son el común denominador de una sociedad famélica que observa impotente el atrabiliario uso de poder.

Nadie espera que Colombia obre agresivamente ante esta realidad del régimen que gobierna al país hermano, pero el silencio institucional, su vergonzante indiferencia, su inexistente espíritu de denuncia y exigencia desdice de los valores democráticos consagrados en nuestra Constitución y en la herencia política de líderes como Alberto Lleras, que jamás se amainaron para elevar su voz de protesta ante las dictaduras del continente.

Colombia, junto con otras naciones democráticas, debe exigir la liberación de los presos políticos, evitar que se le haga conejo al referendo revocatorio, como expresión genuina del clamor popular, y participar activamente para evitar un desenlace fatal que irradie dolor y crisis humanitarias a nuestro país. El Presidente de Colombia debería estrenar su nobel apelando a la paz en Venezuela y haciendo un llamado para evitar que la democracia del vecino país continúe secuestrada. Ojalá las palabras del 2004 se mantuvieran vivas, pero lastimosamente pareciera que se han consumido por las conveniencias ocasionales de la diplomacia.

Iván Duque Márquez
Senador
ivanduquemarquez@yahoo.com

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