Iván Duque Márquez

Mafalda y el referendo

Iván Duque Márquez
Opinión
POR:
Iván Duque Márquez
octubre 22 de 2015
2015-10-22 01:53 a.m.
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Mafalda es uno de los personajes más divertidos de la cultura popular latinoamericana. Entre sus virtudes está la capacidad de emitir frases categóricas que nos hacen pensar sobre las circunstancias cotidianas y, muchas veces, contradictorias de los seres humanos. Mafalda ha dicho que “le gustan las personas que dicen lo que piensan, pero por encima de todo, le gustan las personas que hacen lo que dicen”.

Quizás el mundo de la política sería más confiable y creíble si nuestros líderes se detuvieran por un instante a leer el pensamiento de Mafalda. En la actualidad, vemos que los colombianos tienen una profunda desconfianza en el actual Gobierno y la forma como maneja la gran mayoría de asuntos nacionales. La razón es que en distintas ocasiones, se ve que algunas figuras de la administración no dicen lo que piensan, ni hacen lo que dicen.

El caso más patético de esta falta de coherencia tiene que ver con la refrendación de los acuerdos de paz. En septiembre del 2012, el Presidente dijo que los acuerdos serían refrendados y puso en marcha, meses después, una reforma para que los REFERENDOS constitucionales se pudieran realizar el mismo día de otras elecciones, asegurando el cumplimiento de un umbral de participación equivalente al 25 por ciento del censo electoral.

Bajo el supuesto de aplicar dicho mecanismo, e independientemente de las posturas frente al proceso de diálogo con el grupo terrorista Farc, los colombianos tendríamos un proceso de validación popular exigente y amparado por sentencias de la Corte Constitucional que definen detalles para evitar ambigüedades. Más claro no canta un gallo.

Pero en contravía de las tesis de Mafalda, todo cambió. Con su débil imagen ante la opinión pública y la desconfianza de los ciudadanos, el Gobierno salió a decir, haciéndole conejo a su compromiso original, que un referendo sería un suicidio. ¿Por qué? Por la dificultad de alcanzar los umbrales.

Ante esas formas incoherentes de hacer política, valdría la pena preguntarse si los umbrales son una decisión caprichosa de la Asamblea Constituyente, o, por el contrario, tienen sustento. Humberto De la Calle, jefe del equipo negociador del Gobierno, en sus memorias de la Constituyente, tituladas Contra todas las apuestas, señala, en la página 236, que fue él, en representación del Gobierno, quien defendió el umbral mínimo de participación, para asegurar legitimidad y evitar que la Constitución pudiera ser modificada por expresiones minoritarias de la ciudadanía. También De la Calle, en la página 260, plantea, en defensa de la democracia directa, que un futuro referendo debería orientarse a iniciativas que impliquen serios dilemas morales y requieran el pronunciamiento de la población para asumir la decisión que prefiere.

Desconociendo si el doctor De la Calle ha leído a Mafalda, confiamos en que no abandone sus tesis y no valide, como lo ha planteado la bancada del Gobierno, cambiar los umbrales y redefinir el referendo. Ojalá no solo diga lo que piensa, sino que haga lo que con su influencia dice la Constitución.

Iván Duque Márquez

Senador

ivanduquemarquez@gmail.com

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