Iván Duque Márquez

Por una medalla

Iván Duque Márquez
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Iván Duque Márquez
agosto 23 de 2012
2012-08-23 01:41 a.m.
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Durante los Juegos Olímpicos de Beijing, en el 2008, Samia Yusuf Omar se presentó a la primera eliminatoria de los 200 metros planos. Al lado de las mejores atletas del mundo, Samia ocupó el partidor en representación de Somalia.

Al empezar la carrera, ella se fue quedando atrás hasta ocupar el último lugar. Mientras los ganadores y sus rivales más destacados llegaban a la meta, la atleta africana quedó rezagada por 10 segundos, una verdadera eternidad en la historia olímpica.

Sin embargo, la dignidad con la que ella llegó al final con un tiempo de 32 segundos y el júbilo del público aplaudiendo sin descanso, de alguna manera reconocía la ardentía de una deportista que ganaba la honrosa medalla imaginaria de la superación.

Su historia de vida se podría asemejar a una carrera de obstáculos, en la que entre más se avanza aparecen vallas, una tras otra, desafiando la capacidad del atleta para alcanzar la meta sin tropezarse.

Nacida en 1991, siendo la hermana mayor de una familia numerosa sumida en la pobreza de un Estado fallido, donde los señores de la guerra aplican la ley y el orden guiados por sus corruptos caprichos, Samia decidió encontrar en el deporte la consagración profesional para salir y sacar a sus seres queridos de la pobreza.

Nunca contó, en su formación atlética, con respaldo institucional alguno.

Por el contrario, fue perseguida por las milicias al servicio del crimen que abundan en su patria, con el argumento extremista que prohíbe a las mujeres islamistas participar en actividades deportivas.

No tuvo entrenador, lugar de entrenamiento, alimentación guiada y, prácticamente, ningún beneficio con el que cuenta un atleta olímpico que representa a su país.

Hace un año, Samia decidió viajar a Etiopía para encontrar las condiciones que su patria nunca le brindó, debido a la estructura institucional que ese país ha logrado consolidar a pesar de su pobreza.

El anhelo de esta nueva decisión de vida era poder llegar a Londres y, si la suerte lo permitía, quedarse en Europa para conquistar la liberación emocional del odio y la barbarie contra la que salió adelante.

Hace más de 20 semanas nadie sabía del paradero de Samia, hasta hace unos días, cuando un diario europeo informó que, intentando llegar a Italia, en una embarcación improvisada, su cuerpo se hundió en el mar despidiéndose para siempre de la vida y el deporte.

Somalia es una nación sumida en el caos, a pesar de sus recientes vientos de institucionalización amparados en una nueva constitución.

El extremismo, el narcotráfico, la corrupción, la ausencia de poderes independientes y el dominio del orden por parte de terroristas a sueldo, hacen de este país un paraíso del crimen.

Samia, a quien hoy todos le imponemos de manera póstuma su anhelada medalla de oro, encarna los valores nobles del deporte y el deseo de portar con orgullo la bandera de su país, así esta siempre le haya dado la espalda.

Iván Duque Márquez

Analista - Consultor internacional

ivanduquemarquez@gmail.com

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