Iván Duque Márquez

Montaña rusa

Moraleja para los países en desarrollo es que nadie está a salvo del contagio y es mejor actuar a ti

Iván Duque Márquez
POR:
Iván Duque Márquez
noviembre 04 de 2008
2008-11-04 07:29 p.m.
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Han pasado diez años desde la crisis Rusa, y ya se avecina una nueva tormenta económica en ese país. En 1998, la combinación de un choque externo (La crisis asiática), la caída del precio del petróleo, un elevado déficit fiscal y un excesivo nivel de endeudamiento público y privado, sumado a una creciente desconfianza inversionista, terminó en catástrofe. La bolsa de valores colapsó, la moneda se fue al piso, el riesgo país se disparó y el contagio en los mercados emergentes fue generalizado.

Después de la tragedia, la economía Rusa tuvo una recuperación relativamente rápida, motivada por un aumento en los precios del petróleo, la puesta en marcha de un paquete de reformas fiscales, monetarias e institucionales y el retorno de los flujos de inversión.

Las lecciones aprendidas, a su vez llevaron a que las autoridades asumieran posturas que 'blindaran' la economía frente a situaciones semejantes. El país acumuló durante los últimos ocho años un gran nivel de reservas internacionales, creó un fondo de ahorro proveniente del ingreso petrolero, redujo la deuda pública externa, aumentó el recaudo tributario y redujo el déficit fiscal. En el momento que estas cosas ocurrían, la economía mundial atravesó por un buen momento y con el auge de las materias primas el país experimentó durante el período 2003-2007, tasas de crecimiento superiores al 5%, aumentando los flujos de capital y la confianza inversionista.

Era tal la euforia, que con un crecimiento del PIB cercano al 8% en el 2007, las autoridades minimizaron los efectos de una eventual recesión en los E. U. Como si se tratara de un castigo, los acontecimientos han hecho que el Gobierno de Moscú se trague las palabras. Ante las expectativas de recesión en E.U. y Europa, el precio del petróleo ha tenido una caída que ha puesto en evidencia las vulnerabilidades del país.

La dependencia de Rusia del petróleo y el gas, que representan dos terceras partes de las exportaciones, han hecho que los inversionistas salgan a vender activos para moverse a lugares seguros. Esto ha afectando el mercado de valores, ha creado una enorme presión sobre la moneda y ha deteriorado la percepción del riesgo país. La gravedad de la situación ha hecho que los pronósticos de crecimiento para el próximo año pasen del 5 al 2 por ciento del PIB. Como si fuera poco, se espera que el panorama fiscal se deteriore por la caída de los ingresos tributarios y algunos analistas hablan de un déficit de cuenta corriente para el 2009, luego de varios años de superávit, si el precio del petróleo cae por debajo de los sesenta dólares.

Al listado de preocupaciones hay que agregarle el alarmante endeudamiento externo del sector privado, el intervencionismo autoritario del Estado en la economía, la existencia de tasas de interés interbancarias cercanas al 17% y las tensiones geopolíticas.

Los anuncios del Gobierno y las inyecciones de liquidez poco han servido para que la confianza retorne. Las autoridades insisten que, siendo el tercer país del mundo con mayores reservas internacionales, están preparados para hacer frente a la crisis. Sin embargo, en los últimos dos meses el Banco Central se ha gastado cerca del 16 por ciento de las reservas internacionales defendiendo la moneda. Quizás el Gobierno de Medvedev y Putin esté mejor preparado que en 1998, pero el panorama es preocupante y el pronóstico reservado. Si la situación empeora, los efectos en los mercados emergentes serán graves y tal vez peores a los vistos diez años atrás.

Por ahora la moraleja para los países en desarrollo es que nadie está a salvo del contagio, y es mejor actuar a tiempo que embriagarse de optimismo.

ivanduquemarquez@gmail.com

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