Iván Duque Márquez

La moral y los mercados

Iván Duque Márquez
Opinión
POR:
Iván Duque Márquez
octubre 18 de 2012
2012-10-18 01:20 a.m.
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Vivimos en una sociedad dominada por el mercado.

La relación de oferta y demanda la aplicamos a casi todas las actividades cotidianas para explicar las razones lógicas hacia unas ideas u otras, y cada vez más se aceptan políticas públicas y prácticas sociales, en las cuales pagar un premium permite acceder a privilegios exclusivos.

Examinar esta cultura es la obsesión del filósofo Michael J. Sandel en su último libro, Lo que el dinero no puede comprar.

En esencia, el análisis de Sandel se enfoca en casos concretos que cubren desde las personas a las cuales los lobistas les pagan en el Congreso de Estados Unidos para hacer filas antes de las audiencias, hasta los alquileres de vientres, el pago de certificados de emisiones de gases efecto invernadero, la compra de salvoconductos para tener acceso a armas de asalto y la adquisición de visas de inversionistas, por solo mencionar algunos casos.

Pero, básicamente, Sandel ubica este culto social en medio de una crisis financiera, en la que la desregulación detonó una catástrofe inimaginable.

Pretender resolver los principales problemas sociales bajo el lente del mercado tiene dos repercusiones que vale la pena considerar.

Por un lado, existe una visión relacionada con la equidad, y, por otro, una asociada a la moralidad colectiva.

Una sociedad en la que todo esté para la venta afecta profundamente a los más necesitados y hace que la ley sea literalmente para ‘los de ruana’. Cuando el acceso a bienes públicos de calidad como salud, educación, justicia, y recreación solo lo determina el dinero, la posibilidad de nivelar la cancha social se torna en un imposible.

Del mismo modo, dejar que el dinero sea un factor de diferenciación en la provisión de servicios estatales detona una cultura mafiosa.

Los mercados, por si solos, no asignan recursos. Por el contrario, orientan las actitudes hacia los bienes y servicios mediante incentivos y, por lo tanto, se deben regular.

No se trata de deslegitimar el mercado, pero sí de entender que su regulación es necesaria para evitar abusos y riesgos sociales.

Del mismo modo, es necesario evitar que las discusiones sobre los problemas sociales caigan exclusivamente en un debate económico.

Hace un tiempo, Fernando Savater expresaba sobre las propuestas de algunos políticos para llegar a un acuerdo con Eta y otorgarles perdón a algunos de sus cabecillas, apelando al costo económico de la lucha contra el terrorismo, que caer en ese juego sería la monetización del Estado de Derecho.

Es verdad, como dice Sandel, que en la democracia es imposible lograr una igualdad perfecta, pero es necesario que todos los ciudadanos tengamos las mismas oportunidades para hacer valer nuestros derechos, reconociendo fehacientemente que los principios están por encima del culto al mercado.

Iván Duque Márquez

Analista - Consultor internacional

ivanduquemarquez@gmail.com

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