Iván Duque Márquez
IVÁN DUQUE MÁRQUEZ

El reto agrícola

Mientras que el presupuesto agropecuario siga siendo dominado por los subsidios y no por la provisión de bienes públicos, seguiremos en el error.

Iván Duque Márquez
Opinión
POR:
Iván Duque Márquez
marzo 30 de 2016
2016-03-30 09:48 p.m.
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En días pasados, el Dane dio a conocer los resultados en materia de empleo y pobreza para el 2015 y comienzos del 2016. En efecto, existen cosas positivas y algunas que merecen estar alerta.

¿Dónde deben estar nuestras preocupaciones? Definitivamente, debemos reconocer las brechas abismales entre el campo y las ciudades. Para empezar, es preocupante que la pobreza en las capitales se sitúe en 15 por ciento, mientras que en las zonas rurales esté en 40 por ciento, casi triplicando las dificultades de ingreso.

El mismo patrón se observa en el caso de la pobreza extrema, en las urbes es de 7,9 por ciento, mientras que en las zonas rurales esta cifra llega a 18 por ciento.

Este panorama también se agudiza cuando escarbamos un poco en los indicadores de seguridad social. De los casi 12 millones de compatriotas que viven en el campo, encontramos que más del 75 por ciento se encuentra en el régimen subsidiado de seguridad social, en tanto que en las ciudades es del 33 por ciento.

Sencillamente, nuestro campo depende de la insostenible capacidad asistencial del Estado, evidenciando la urgente necesidad de fomentar el empleo estable y digno de nuestros campesinos, lo cual es imposible sin la participación de un sector privado que afinque el matrimonio entre el desarrollo agroindustrial y los pequeños proveedores.

Pero el asunto no termina ahí. En el campo solo el 11 por ciento de la población ocupada cotiza a pensión, mientras que en las ciudades lo hace el 35 por ciento. Un entorno así nos debe preocupar, pues estamos incubando un severo drama social de una población que envejece sin la certeza de un ingreso mínimo para su vejez.

Tenemos un campo lleno de trabajadores en cuenta propia, en el cual más del 80 por ciento de quienes están en este segmento se encuentran en la informalidad, ganando menos de 1,5 salarios mínimos y en la que la provisión efectiva de bienes públicos deja mucho que desear. Al fin y al cabo, en las zonas rurales del país tenemos la peor calidad de educación, salud, acceso a la cultura, agua, saneamiento y vivienda.

No podemos, como país, seguir dormidos en los laureles. Tenemos un gobierno que marcha hacia a la firma de un acuerdo con las Farc y los cabecillas de esa organización tienen claro que su estrategia está en consolidar poder político en sus zonas de influencia histórica y desde ahí crear un discurso de populismo agrarista, combate a la inversión privada y reivindicación de su anacrónico enfoque de lucha de clases.

Si queremos que el campo sea la ‘autopista de la paz’, el gobierno debe dejar de improvisar. Mientras que el presupuesto del sector agropecuario siga siendo dominado por los subsidios y no por la provisión de bienes públicos, seguiremos en el error. El campo necesita enfocarse en la creación de empleos estables con certidumbre de ingreso.

Eso solo será posible con control territorial de la Fuerza Pública, más inversión privada, más empresas, estabilidad en las reglas de juego, normas modernas sobre la propiedad de la tierra y mejores bienes públicos, elementos que hasta ahora se alejan de los resultados del gobierno y de los objetivos de las Farc.

*Senador
ivanduquemarquez@yahoo.com

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