Lo que quiere el Fiscal

Sacrificar la calidad de una decisión por la velocidad de la misma, es lo que diferencia a un régime

Jaime Lopera
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Jaime Lopera
octubre 09 de 2009
2009-10-09 12:44 a.m.

Un examen sobre la velocidad de las decisiones en el sector público permite algunas observaciones de interés a la luz del llamado choque de trenes entre el Ejecutivo y el Poder Judicial. En primer lugar, la diferencia entre las decisiones individuales y las decisiones colegiadas muestran muy claramente el tiempo de preparación.

En tanto que las decisiones del Poder Ejecutivo se materializan a través de decretos con fuerza de ley y reglamentarios, por lo general emitidos por el Presidente y cualquiera de sus ministros, las del Poder Judicial (en especial, en las altas Cortes y en el sistema Electoral), y las del Poder Legislativo, son colegiadas.

El contrasentido salta a la vista: la rapidez en las decisiones ejecutivas, en razón del régimen presidencial que hemos adoptado por muchos años, es mucho más alta que aquellas que se toman en grupos especializados tales como las secciones de las Cortes y las comisiones parlamentarias. En el régimen parlamentario (España, por ejemplo), estas situaciones marcan mucha distancia al compararlas con el régimen presidencial que rige en nuestros países.

La velocidad es una cosa, pero, en cambio, la calidad de las decisiones establece la diferencia: las ciencias del comportamiento han comprobado técnicamente que una misma decisión tomada por una sola persona, es de una calidad inferior a la que toma en un grupo. Quienes conocen el ejercicio de Nasa saben a lo que me refiero. Los asiáticos nos llevan siglos de ventaja en torno a esta comprobación.

Las decisiones colegiadas son lentas, ruidosas, llenas de debates y contradicciones, pero donde los actores tienen la oportunidad de alcanzar consensos a partir de la ocasión que tienen de mostrar los desacuerdos. Los empresarios occidentales que negocian con los japoneses saben los efectos de esta paciente tarea hasta encontrar unos mínimos acuerdos que satisfagan a las partes. El libro de Enrique Ogliastri sobre las negociaciones con el Japón, me releva de más comentarios al respecto.

Una decisión colegiada se enriquece con el aporte mental de varias personas que tienen versiones distintas de un problema. Esa oportunidad de ver los distintos ángulos de un asunto, disminuye la posibilidad de que los prejuicios afecten la determinación y en mucha parte la limpia de los sesgos individuales que puede contaminarla. Aunque no son infalibles, las decisiones colegiadas gozan de una mayor capacidad de consentimiento y aprobación.

No en vano el Fiscal interino de la Nación está reclamando una reingeniería (mala palabra) en esa entidad, que incorpore una sala donde se tomen las decisiones estratégicas y muchas tácticas gerenciales para atacar los problemas ordinarios de esa institución. He aquí un motivo para pensar que cualquier reforma de la justicia debe empezar por la calidad y velocidad de las decisiones que deben tomarse.

Sacrificar la calidad de una decisión por la velocidad de la misma es lo que diferencia a un régimen democrático de un régimen autocrático. Las decisiones no consultadas, tienen la tendencia a ser individualistas, caprichosas e inconstantes. Por ello mismo, en el proceso de toma de decisiones el costo de una decisión individual que no funciona y debe repetirse, es infinitamente mayor a la suma de varias mentes ocupadas de un mismo problema y con enfoques complementarios.

jailop1@gmail.com

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