El sello del nuevo Gobierno

Hacer política con el diálogo, y no con la imposición, es una regla de oro que no se ha liquidado to

Jaime Lopera
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Jaime Lopera
agosto 13 de 2010
2010-08-13 01:45 a.m.

 El comienzo de la administración Santos es un buen augurio para el país. Los acercamientos a Venezuela y a las altas cortes constituyen indicios de que un nuevo pensamiento de gobierno adquiere forma propia. Aunque son insuficientes estos dos episodios para anticipar lo que sigue, por importantes que ellos sean, por lo menos son susceptibles, como dice el poeta, para "adivinar los encajes del corpiño".

En primer lugar, porque la política, desde tiempos inmemoriales, se hace conversando y no peleando de entrada ante cualquier problema o desavenencia que se presente. Siglos y siglos de hacer política prueban que hay caudillos arrasadores, pero que también hay estadistas conquistadores. Atila y Churchill, Stalin y Gandhi. Hacer política con el diálogo, y no con la imposición, es una regla de oro que no se ha liquidado todavía.

El contraste será sobre todo más visible en la medida en que el directo estilo antioqueño sea cotejado con el estilo cundiboyacense, más propicio a la sutileza y la interlocución. No en vano, la mayor parte de los presidentes colombianos proceden del oriente geográfico como una posible señal de que la política, la buena y la mala, se combina figuradamente más con la papa que con el café.

Desde el punto de vista gerencial, el contraste con el Gobierno naciente es mucho mayor. Con independencia de los logros visibles de la era Uribe, su elevada autoconfianza y compromiso con los detalles pareció opacar la gestión de sus subalternos. La microgerencia no paga, desgasta. En cambio, el hecho de nombrar como colaboradores a personas más capaces que uno mismo, como lo ha hecho Santos, revela un grado notable de seguridad y de certeza.

En términos organizacionales, los tratadistas dicen que es mejor ocuparse de las estrategias, porque las tácticas se delegan en los más aptos, a objeto que se vayan desplegando los resultados en manos de los ejecutivos.

Como decía Bennis, la amplia mirada de los problemas con ojo de helicóptero hace notoria diferencia con la cegatona mirada del oso hormiguero. Estos dos modos de ver las cosas obviamente producen resultados desiguales.

Las primeras acciones del nuevo Gobierno causan lo que en el lenguaje internacional se conoce como distensión. Una manera de decir que se bajan los brazos, que se abre un compás de esperanzas, que la energía se pone al servicio de los nuevos ofrecimientos. Esa actitud se refleja también en los ciudadanos cuando los niveles de exasperación cambian de rumbo, y la gente empieza a estar más preparada para apoyar las promesas y encontrar razones para el optimismo.

Las malas noticias son que las altas expectativas a menudo generan grandes desastres cuando no se satisfacen apropiadamente. En el presente caso, sólo la convicción que produce ver tres ex candidatos presidenciales a la cabeza de una temática importante del Estado, entre otras cosas, apenas alcanza a solventar la enorme sospecha de que la corrupción sigue, como las Farc, vivita y coleando.

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