análisis

Fedepalma: 55 años consolidando la agroindustria

Seguiremos fortaleciendo el sector palmicultor: contamos con el conocimiento, la tecnología y la empresarización para llegar con éxito a mercados internacionales.

Jens Mesa
POR:
Jens Mesa
febrero 06 de 2018
2018-02-06 09:19 p.m.

Por más de cinco décadas, Fedepalma se ha fortalecido, logrando un crecimiento sostenido de esta agroindustria, la cual es considerada uno de los sectores impulsores del agro colombiano, y las cifras así lo demuestran.

El área sembrada en palma de aceite pasó en 1962 –cuando se funda Fedepalma– de cinco mil hectáreas a 103 mil hectáreas a finales de los años 80, y hoy supera las 500 mil hectáreas. La producción de aceite de palma pasó de 15 mil toneladas a inicios de los años 60, a 232 mil toneladas en 1989, y a más de 1,6 millones de toneladas en el 2017, con un valor de la producción que bordea los 3,3 billones de pesos en la actualidad. En la última década, la producción de aceite de palma ha crecido en promedio 9,2 por ciento, lo que refleja su dinamismo.

La cifra récord de producción en el último año significó un crecimiento de 42 por ciento frente al 2016, con lo cual esta agroindustria avanza rápidamente para superar los dos millones de toneladas anuales de aceite de palma. En el 2017 el sector palmero exportó la mitad de su producción, ocupando el quinto lugar en el ranking de productos agropecuarios de exportación y convirtiéndose en el segundo producto con mayor aporte al crecimiento de las exportaciones de productos agropecuarios, alimentos y bebidas.

Colombia es el cuarto productor mundial de aceite de palma (después de Indonesia, Malasia y Tailandia) y el primero de América, alcanzando en el 2017 un rendimiento de 3,8 toneladas de aceite por hectárea, cifra que supera el promedio global. De acuerdo con el Censo Agropecuario del Dane de 2015, la palma de aceite es el segundo cultivo permanente con mayor extensión en área sembrada, después del café, y el cuarto si se consideran las principales siembras de permanentes y transitorios. En términos de valor de la producción, el aceite de palma es el segundo producto de mayor relevancia (después del café) entre los cultivos permanentes y el sexto renglón en generación de valor en el sector agrícola.

Estimaciones de Fedepalma a partir de cifras del Dane, muestran que en el 2016 el sector de la palma de aceite tuvo una participación de 9 por ciento en el PIB agrícola nacional y 8 por ciento en el referente agropecuario. El cultivo de la palma de aceite ya tiene presencia en 21 departamentos y 152 municipios, congrega el esfuerzo y trabajo de más de 6.000 productores, en el cual el 80 por ciento corresponde a pequeños productores y empresarios palmeros de menos de 50 hectáreas.

Esto se ha traducido en la generación de alrededor de 160 mil puestos de trabajo, y en un mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades rurales donde opera la agroindustria. Bien lo recoge un estudio del DNP, en el que compara municipios que han afrontado conflicto armado donde existe el cultivo de palma, frente a aquellos con el mismo conflicto, pero que no tienen palma cultivada, y en el que encuentra que el valor agregado per cápita de los primeros supera en 30 por ciento el de los segundos, catalogando esta diferencia como el “dividendo social de la palma”.

Este desarrollo y posicionamiento del sector palmero se ha logrado con la determinación, esfuerzo y compromiso de muchas personas, superando retos y dificultades, y rompiendo paradigmas. Pero no solo el gremio se ha fortalecido, también lo ha hecho Cenipalma, que por 26 años se ha posicionado como uno de los centros de investigación líderes en el ramo agropecuario y es referente en tecnologías para la palma de aceite a nivel nacional e internacional. Gracias a la labor de investigación y extensión de Cenipalma, el sector ha podido enfrentar las limitaciones del cultivo y avanzar en la productividad y manejo fitosanitario.

Todo este transitar nos ha dejado importantes logros y aprendizajes, pero también nos invita a reflexionar sobre el futuro y cómo podemos aprovechar mejor las oportunidades que tiene esta agroindustria. Para ello nos hemos impuesto cinco metas:

Primero, nos enfocaremos en superar los retos del entorno colombiano. Enfrentamos una nueva realidad, en especial en el campo, con la implementación del acuerdo de paz con las Farc. Existe una debilidad y pérdida de confianza en las instituciones y viene un nuevo gobierno, que tendrá la responsabilidad de consolidar la democracia, recuperar la seguridad jurídica, apoyar la iniciativa privada y garantizar el derecho a la libre empresa, defender la economía de mercado, y afianzar la legalidad y la formalización en el país. Específicamente en el agro, es imperativo brindar seguridad jurídica para la tenencia y el uso de la tierra, pues la incertidumbre desestimula la inversión.

Segundo, seguiremos fortaleciendo la competitividad del sector: contamos con el conocimiento, la tecnología y la empresarización para llegar con éxito a mercados internacionales. Tercero, desarrollar una estrategia de promoción y mercadeo del aceite de palma, que lo posicione a nivel local y mundial. Cuarto, fortalecer y dar un enfoque integral a la extensión y capacitación que garantice la adopción efectiva de la tecnología, así tener el recurso humano competente en los diferentes niveles y actividades de la cadena de valor.

Y, por último, contar con un gremio sólido, moderno y dinámico, que entienda y conozca la realidad del negocio, oriente al sector y responda a los nuevos desafíos, y continué representando, con legitimidad, a los productores.


Jens Mesa Dishington
Presidente Ejecutivo de Fedepalma.

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado