Johanna Peters

Caracas en tiempos de revolución

En Venezuela se acabó el fair play y, contrario al fútbol, nadie dice nada.

Johanna Peters
POR:
Johanna Peters
mayo 06 de 2011
2011-05-06 03:46 a.m.
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Viajo mucho a Caracas y cada vez me impacta más. Casi 14 años de Hugo Chávez han convertido a esa ciudad en la capital de la desesperanza, de los mamarrachos pseudo-socialistas y en la evidencia de un modelo fallido que se ha llevado la inversión, el desarrollo, la equidad y el progreso para suplantarlo por un vergonzoso espectáculo de corrupción y autoritarismo.

Sólo al escribir esto me pregunto si en el futuro en inmigración no me mirarán de reojo o si me pueden llegar a retener, pero me niego a seguir comentando en privado la vergüenza que es tener una dictadura de vecino. Venezuela no sólo es una nación hermana de Colombia, somos siameses.

Nos unen desde la historia, pasando por el comercio, hasta las grandes comunidades de cada país que viven y hacen negocios en Colombia y Venezuela. Por eso prefiero que el presidente Santos sea amigo de Chávez a que juguemos a la guerra, pero ¿realmente el mundo puede seguir ignorando lo que está pasando en Venezuela con la libertad y la democracia?

La inmensa riqueza petrolera de esa nación no es excusa aceptable para que ni EE. UU., ni Europa y menos América Latina dejen de exigir que a los venezolanos se les respeten sus derechos fundamentales.

Claro, los venezolanos mismos son quienes deben elegir a sus líderes y son ellos quienes deben decir si quieren o no el país que está creando Chávez, pero con los medios de comunicación cooptados o amordazados y la Guardia Nacional persiguiendo a aquellos que se arriesgan a criticar públicamente al régimen, puede ser difícil que los ciudadanos hablen y actúen libremente.

En Venezuela se acabó el  fair play  y, contrario al fútbol, nadie dice nada. Chávez cumplirá 14 años en el poder pidiendo que lo reelijan, cuando su gestión no ha dejado nada fuera de un sistema asistencialista y una red de corrupción que ha enriquecido a los mal llamados boliburgueses.

En Caracas no se ven obras, desarrollo, prosperidad y esto es aún peor en los municipios chavistas, irónicamente. En esta ciudad, que en otras décadas era una de las capitales más importantes de la región, ahora sólo crecen los murales en honor de figuras históricas de la independencia que de pronto salieron socialistas, los trancones, los robos, el desempleo y la inflación. Pero lo peor de todo es la desesperanza de la gente.

Desde el taxista, al vendedor de arepas se oyen historias sobre cómo esta revolución socialista ha logrado que sientan temor por el futuro y se pregunten qué país podrán heredar sus hijos si no hay propiedad, no hay empresas y no hay inversión.

Caracas es un triste ejemplo de una falsa revolución que no pasó el poder a la gente y que está dejando un país –tan rico en petróleo– en la quiebra y con los peores índices de desarrollo empresarial y social.

Ojalá los venezolanos no se dejen frenar por la apatía, la desesperanza y el temor en las elecciones presidenciales del 2012, y hagan un referendo si Chávez realmente se merece 6 años más para llegar a 20 años en el poder en Venezuela.

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