Johanna Peters

Mañas anticompetitivas

Johanna Peters
POR:
Johanna Peters
septiembre 30 de 2011
2011-09-30 12:09 a.m.
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Hace algunos días tuve que estar 30 minutos en un consultorio médico con mi hijo, para que pasado ese lapso me dijera una desinteresada recepcionista que: “le toca esperar unos 10 a 20 minutos más, porque la doctora está demoradita”, como si el diminutivo mejorara la situación.

Este incidente –tan común– me puso a pensar que en Colombia antes de hablar de competitividad, de leyes, de aranceles y de tratados de libre comercio debemos primero cambiar varias prácticas culturales y sociales que no existen en las economías que buscamos emular.

La impuntualidad no es señal de ser una cultura relajada y fresca, sino de poca seriedad.

Las cosas han mejorado en los últimos años, pero fuera de la crónica impuntualidad en los consultorios médicos, esta sigue imperando en casi todas las reuniones laborales.

El tráfico y el clima se han convertido en frases obligadas al inicio de cada sesión de trabajo, como si el punto central no radicara más bien en que se sale tarde a las reuniones y no hay organización.

En lo social, igualmente se le dice que sí a todo para ir a poco, y a fiesta que se respete se llega por lo menos 2 horas tarde.

Otro síntoma relacionado con la impuntualidad es la falta de cumplimiento. El tan conocido ‘ya te lo mando’, para que llegue 3 días después de insistirle a la persona, es algo que no sucede en Estados Unidos o Alemania, y de nuevo transmite una falta de seriedad absoluta.

Esto sin anotar que el documento llega con errores ortográficos, tipográfico y lleno de textos copiados de otros documentos.

Otra maña imperante es que como potencial cliente uno es quien tiene que perseguir al vendedor para que lo atienda. He ido cuatro veces a un almacén para pedir información sobre una silla y cada vez me dicen que me llamarán a darme el dato y no lo hacen. No sé si esto se debe a que nos encontramos en el trópico y no hay afán de nada, pero es aterrador y pareciera no ser señal de un país que urgentemente tiene que generar empleos y desarrollo.

Sé que hay muchísimos colombianos trabajadores, comprometidos y responsables, y que es injusto generalizar, pero antes de anunciar tratados de libre comercio o de reclamar leyes que fomenten la productividad, debemos analizar primero cómo vamos a ser competitivos si la cultura general todavía reposa en gran medida en mañas como la impuntualidad, la falta de compromiso y la locha.

Como en su momento se intentó con la cultura ciudadana en Bogotá, es hora de que en Colombia hagamos una campaña por una cultura de la competitividad que genere las bases de una sociedad lista para enfrentar los retos de competir y que pueda realmente transformar las leyes y tratados comerciales en oportunidades de empleo y desarrollo

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