Johanna Peters

Pensionando a los caballos de Bogotá

Johanna Peters
POR:
Johanna Peters
agosto 16 de 2013
2013-08-16 12:34 a.m.
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Hace unos meses adoptamos dos caballos, que hasta ese momento habían vivido el destino de jalar zorras en Bogotá.

Tras llenar un formulario relativamente fácil, enviar fotos del predio, demostrar que era nuestro y entregar certificados de ingresos personales, fui contactada por alguien del Distrito que me hizo algunas preguntas sobre mi interés en el tema y me comentó sobre los distintos animales que en ese momento tenían listos para adopción.

Decidimos irnos por un caballo de 16 años y una yegua de 13, y salí un viernes con mi hija a recogerlos en un camión.

El caballo salió de buena pinta, tiene porte y realmente no parece zorrero.

La yegua sí estaba un poco más flaca, pequeña y maltrecha, pero tiene una dulzura que la hizo natural aliada de la pasión ecuestre que mi hija de cinco años está desarrollando.

Hoy, viven un merecido descanso cerca a Tabio, cumpliendo con el objetivo del programa.

Sin embargo, se oyen cuentos –como siempre– de cómo hay gente que se aprovecha de la iniciativa, o peor aún, que con estos animales pretenden lucrarse en el ilegal negocio de la carne equina.

Según un artículo de El Tiempo (10/08/2013), se revela que el programa tiene un retraso de 53 por ciento, ya que quedan 1.800 caballos por dar en adopción, y ahora aparecieron casi mil nuevos zorreros que no fueron censados en su momento.

En el artículo también señalan dificultades en la entrega de los camiones o subsidios para un negocio o vivienda que recibe cada zorrero por un poco más de 21 millones de pesos (unos 60 mil millones en total, si mis cálculos no me fallan).

Esta oferta, aunque costosa, pareciera ser la única vía para lograr salir de una manera justa del problema de las zorras en Bogotá, pero como va, el próximo primero de octubre, cuando se venza el plazo otorgado por el Ministerio de Transporte, el Distrito tendrá otro problema más que sumarle a los que ya tiene.

Fuera de los recursos estimados para el programa y que, probablemente, tendrán que aumentar para poder albergar a los caballos en tratamiento o que no encuentren adoptantes aptos, no quiero ni pensar en los líos que se generarán con estos casi 3 mil zorreros que denunciarán que no les entregaron sus subsidios por falta de papeles, que sus camiones se dañaron a la semana de usarlos –¿cómo manejarán?– o que al poco tiempo su plan de negocio quiebre y terminen, de nuevo, forzados a volver a las zorras.

Lo otro que puede pasar es que el Distrito, en el afán de cumplir, haga entrega exprés de los 1.800 caballos que quedan en dos meses y terminen estos devueltos a una vida de miseria o, peor, en el matadero.

Lamentablemente, casi siempre las ideas buenas en esta ciudad vienen acompañadas de nula organización, previsión o planeación, y el programa de sustitución de zorras puede terminar en el largo listado de fracasos de Bogotá. Ojalá no sea así.

Johanna Peters

Consultora en comunicaciones

Johanna.Peters@fticonsulting.com

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