Johanna Peters

No quiero llegar a los 80

Johanna Peters
Opinión
POR:
Johanna Peters
febrero 06 de 2015
2015-02-06 03:26 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdbf3946843.png

Confieso que le temo a la vejez y es por eso mismo que me horroriza vivir más allá de los ochenta.

La respuesta obvia a esta afirmación será que, con el paso de los años, convenientemente, iré ampliando mi horizonte deseado de vida, pero lo dudo.

Primero porque no tengo interés alguno en llegar a los noventa o peor los cien años. Y segundo, la noción de alargar la vida a cualquier costo me parece extender un proceso de declive serio, triste y solitario.

Por eso, le pido al destino que me libere de tener que volver al pañal, al caminador y, peor aun, al olvido mental.

Siempre había pensado que viviendo en Colombia mi expectativa de vida sería menor, pero sin embargo, me he llevado una sorpresa. En las distintas cifras que encontré, el Dane hoy estima que la expectativa de vida femenina en Colombia es de 79 años.

Eso se ajusta a mi deseo de duración de vida, pero después encontré que la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó cifras donde las colombianas llegaríamos a los 83 años, igualando así a países como Alemania.

Decidí, por conveniencia, creerle al Dane y no a la OMS. Sin embargo, encontré después un test del diario amarillista alemán Bild, que vaticinó –a partir de unas diez preguntas bastante serias– que llegaré a los 97 años.

Le gruñí a Google por mandarme ese vínculo, pero caí en la trampa de calcular que eso implicaría vivir hasta el año 2.071 y me aterroricé.

Ya oigo los comentarios de los que citan los casos de las personas que llegan a casi cualquier edad “divinamente”, pero todos sabemos que esas son las excepciones y no la regla.

Después de los 75 –sin ofender a mis padres y suegros– la vida va restando y volviéndose cada día más dependiente de otros. Y sin independencia no hay libertad.

Tal vez las almas curiosas querrán ver el mundo en el año 2.075 y saber cómo son sus bisnietos, qué tecnología revolucionará el mundo, qué pasará con el planeta y si, para entonces, los chinos se habrán tomado el mundo, pero ese no es mi caso.

No digo que no quiero una vida plena en buen estado físico, divertida y rodeada de mis seres queridos, pero esa se logra de sobra antes de los ochenta y no necesitaré años de ñapa para ver cómo el mundo sigue andando, mientras yo miro desde la ventana. Además, si hoy me quejo todos los días por algún malestar, sinceramente no creo que pueda exponer a mis hijos a aguantarme mucho de anciana.

Así, públicamente, hago desde ya una humilde petición al universo para que me evite la humillación de la papilla y que me saque de la fiesta mientras esté en la cima.

Johanna Peters
Consultora en comunicaciones
jcpre@yahoo.com
 

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado