Jonathan Malagón

¿Deberían congelarse las tasas de interés?

Jonathan Malagón
POR:
Jonathan Malagón
junio 10 de 2011
2011-06-10 12:58 a.m.
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Las decisiones de política pública suelen dejar a su paso ganadores y perdedores. Pese a ser aplaudido por muchos de los analistas, el incremento de 25 puntos básicos en la tasa de interés de intervención del Banco de la República el pasado martes suscitó en los sectores industriales y exportadores una predecible y quejumbrosa, pero finalmente válida preocupación por los impactos sobre la inversión, el empleo y el tipo de cambio.

La postura crítica del Consejo Gremial es entendible y no genera sorpresa alguna. Lo que sí ha sorprendido a muchos son las declaraciones del Presidente de la República, quien se ha sumado a estas voces en favor del congelamiento de las tasas de interés.

El respetuoso llamado del mandatario al Banco Central, quien tiene representación en su Junta a través del Ministro de Hacienda, ha enriquecido el debate monetario y cambiario en el país.

Lo primero que cabe mencionar es que la postura del Emisor ha sido acertada para la actual coyuntura económica colombiana, toda vez que permite avanzar hacia una política monetaria neutra corrigiendo peligrosos excesos de liquidez que amenazan al país en varios frentes.

La oportuna intervención del Banco de la República ha servido o servirá, por ejemplo, para anclar las expectativas de inflación, regular el ciclo económico y poner freno a crecimientos exagerados en la cartera crediticia.

Lo anterior repercute positivamente en menor inflación efectiva, un crecimiento más sostenido y mayor estabilidad financiera.

Conociendo lo anterior, difícilmente la intención del presidente Santos sea la de recalentar su popularidad a través del recalentamiento de la economía. Al parecer, además de los temores por el eventual impacto negativo sobre la inversión, la preocupación parecería ser fundamentalmente cambiaria, toda vez que la extensión en la compra de dólares anunciada por el Banco Central parece no estar solucionando la sistemática apreciación del peso, que en los primeros cinco meses del 2011 alcanzó un 6,5 por ciento adicional y cuyas presiones seguramente se intensificarán tras la consecución del grado de inversión.

En mi opinión, llegó la hora de acompañar el sano recorrido hacia la neutralidad monetaria de una intervención diferente en el mercado cambiario, sin poner en riesgo la estabilidad futura de los precios.

La negativa a los controles de capitales de corto plazo no puede ser sostenida sobre la ilusión de que el Banco de la República detenga su bien dirigida política monetaria, que debería terminar por llevar la tasa repo hacia un 5 por ciento a finales del 2011.

Sin ser amante de las restricciones a los mercados de capitales, me uno a las voces de los que creen que la pretensión de mantener un tipo de cambio más competitivo a costa de no recoger excesos de liquidez es mucho menos ortodoxo que fijar cierto tipo de controles de capitales.

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