Jorge Ballesteros

El país, ¿con o sin parteras?

La labor de las parteras ha disminuido en casi un 50%.

Jorge Ballesteros
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Jorge Ballesteros
mayo 03 de 2011
2011-05-03 12:36 a.m.
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Entre el universo de revelaciones de la Encuesta Nacional de Salud 2010 (Ends) hay una que sorprende: que la labor de las parteras ha disminuido en casi un 50% entre el 2005 y el 2010, dado que el número de partos asistidos por estas personas pasó de 5,7% a 2,9%.

Esta cifra permite concluir que la llamada cobertura universal (número de personas afiliadas al Sistema de Seguridad Social en Salud) se incrementó en 19 puntos: pasó de 69% en el 2005 al 88% en el 2010, de lo que se podría inferir que más mujeres pudieron gozar del derecho a traer bebés al mundo asistidas por un profesional de la medicina.

Sin embargo, ese 12% de población no cubierta por el sistema explicaría el hecho de que para muchas mujeres sea difícil la atención de sus embarazos en los centros de salud.

Y, a lo mejor, esa población estaría formando parte del grupo que todavía debe acudir a los servicios de una partera. A su vez, la existencia de estas matronas o comadronas, como también se les conoce, puede obedecer a otro hecho concreto: las dificultades de acceso a la salud por vivir en zonas apartadas.

De hecho, los indicadores de la misma Ends 2010 muestran que en los departamentos de Chocó, Cauca y Amazonas, la proporción de parteras durante el parto es de 19,1%, 15,2% y 12,7% respectivamente .

Según la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico, Asoparupa, se denomina partera a una mujer que sin tener estudios ni formación en instituciones técnicas o universitarias, atiende a mujeres en embarazo y neonatos de acuerdo con conocimientos que corresponden al saber ancestral transmitido de generación en generación.

En respuesta a esa realidad, el Congreso quiere dotar a estas mujeres de herramientas y preparación para desempeñar su labor idónea y eficientemente, reconocida dentro del Sistema Nacional de Salud. Este propósito está consignado en el proyecto de ley 019 de 2009.

No obstante, y luego de un sesudo análisis a esta propuesta, en mi doble condición de médico y legislador, considero que debería preverse la posibilidad de que las parteras tengan acceso a educación no formal y se les otorgue, posteriormente, una certificación oficial para el desempeño de su labor.

Además, de una remuneración económica por la tarea prestada, de acuerdo con los criterios que fije el Ministerio de la Protección Social.

Sería la manera eficaz de prevenir y mitigar el alto índice de mortalidad de madres, quienes no reciben ni una atención primaria en salud, por residir en lugares francamente remotos.

Los cursos básicos sobre esta área pueden ser llevados a cabo por cuenta de las mismas entidades que así lo requieran, llámense EPS, IPS o ESEs; las cuales dentro de sus catálogos de servicios podrán promover ese servicio tradicional.

Pero la ley debe dejar claras dos obligaciones: que la partera tradicional remita a la madre embarazada para evaluación médica, cuando considere que el embarazo o el parto son de alto riesgo, y que ninguna esté facultada para prescribir o formular medicamentos farmacéuticos, toda vez que esta potestad la ejercen los médicos.

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