Jorge Humberto Botero

Trabajo decente

Jorge Humberto Botero
Opinión
POR:
Jorge Humberto Botero
octubre 12 de 2015
2015-10-12 11:58 p.m.
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Con motivo de la celebración del día mundial del trabajo decente, un informe de la Universidad Externado revela los avances logrados entre el 2010 y el 2014: “Tenemos salarios más altos, mayor participación femenina, más ocupación, más sindicalización y más personas adultas mayores que reciben una pensión; igualmente, han disminuido el desempleo, la inactividad de los jóvenes, el empleo precario, las largas jornadas de trabajo, la informalidad, la pobreza y los accidentes con desenlace mortal en el puesto de trabajo”.

Si se hubiera tomado como referente un periodo más largo, por ejemplo, desde el 2002, los progresos habrían sido mayores. Y no solo porque los gobiernos recientes hicieron bien su trabajo, mucho ayudó que durante todo este tiempo la economía mundial creció a tasas elevadas. El problema es que se espera una fase prolongada de bajo dinamismo. En el reciente reporte del FMI, se pronostica que este año el PIB mundial se incrementará en 3,1 por ciento; la cifra para el 2016 sería de 3,6.

La preservación de las ganancias en cuanto al trabajo decente en un entorno económico mediocre, constituye un reto complejo. En esencia, será necesario facilitar la transición de una economía soportada en el sector minero hacia otra –que aún no despega– basada en la industria y el agro. Para suavizar este proceso,hasta donde se pueda, la construcción de infraestructura vial, que fue pensada para mejorar la competitividad del país, servirá también como mecanismo anticíclico.

No obstante, será preciso permitir que se reduzcan empleos en los sectores que pierden dinamismo para propiciar que se creen en los que toman el liderazgo. Esto que, en teoría, suena evidente, es difícil de manejar en el mundo real. Los grupos de trabajadores que ven amenazados sus empleos como consecuencia del cambio de rumbo de la economía, los defenderán a dentelladas; el argumento de que eliminarlos es conveniente para el conjunto de la sociedad les resultará inadmisible.

Tampoco será sencillo el debate sobre el ajuste del salario mínimo. Con razón, los voceros de los trabajadores dirán que, como la inflación proyectada para el cierre del año será mayor a la prevista, la pérdida de poder adquisitivo tiene que serles compensada en el 2016. La réplica a esta tesis es, igualmente, comprensible: aumentos que superen la inflación esperada para el año entrante pueden validar la tendencia a la indexación de los precios, lo que resultaría fatal para los consumidores.

Más allá de la coyuntura, seguir avanzando en el trabajo decente implica aceptar que el contrato de trabajo y el empleo público no son los únicos caminos para la formalización laboral. Es ilusorio pretender que los pequeños comerciantes, ambulantes o fijos, los artesanos y taxistas, el colectivo numeroso y vulnerable de quienes atienden salones de belleza, tengan contrato laboral. Lo mismo sucede en el ámbito de la nueva economía del conocimiento. Que el costo de la tecnología informática sea reducido, determina que para muchos profesionales emplearse haya dejado de ser una opción relevante, les basta una pequeña inversión para multiplicar la productividad de su trabajo. Ya no dependen de un patrono que los emplee.

Otros tienen que ser los mecanismos para garantizarles a colectividades, tan distintas como estas, acceso a la seguridad social. Pensar esa nueva arquitectura es urgente.

Jorge H. Botero

Presidente de Fasecolda

jbotero@fasecolda.com

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