Jorge Humberto Botero

Salidas extraconstitucionales

Jorge Humberto Botero
Opinión
POR:
Jorge Humberto Botero
marzo 02 de 2015
2015-03-02 01:51 a.m.
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Recuerdo ahora un poema surrealista en el que se narraba el hundimiento, durante la Segunda Guerra Mundial, de un portaaviones. Ocurrido este de modo súbito, ángeles y aviones no sabían dónde aterrizar. Esta es una buena metáfora de lo que puede estar sucediendo con el proceso de paz, por lo que respecta a su refrendación ciudadana.

A estas alturas, es claro que el referendo constitucional que la Carta política contempla no es un mecanismo idóneo: los acuerdos hasta ahora logrados solo marginalmente requieren ajustes constitucionales. Pero si fuere a utilizarse, ya no hay tiempo para hacerlo en las elecciones de octubre. Por este motivo empiezan a ventilarse fórmulas innovadoras, tanto que su adopción implicaría romper el orden constitucional. A algunos, que nos tomamos en serio el Estado de Derecho, nos parece grave.

El Senador Barreras ha propuesto que se acuda a una “séptima papeleta” para que en los comicios de octubre les preguntemos a los colombianos si respaldan el proceso de paz. Al margen de la inutilidad de la iniciativa, pues en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales este asunto quedó zanjado, hay que recordar que ella consistió en una consulta informal, realizada en 1990, sobre la necesidad de una constituyente no sometida al orden jurídico. Tal fue el comienzo del proceso que condujo a la demolición de un edificio institucional más que centenario. ¿Será que le “jalamos” a una propuesta que coloca en riesgo la Carta del 91?

Otros han sugerido revivir la figura del “Congresito”, un cuerpo plural transitorio integrado por delegados de la Asamblea Constituyente, al que se encargaron algunas tareas necesarias para la puesta en marcha de la nueva Carta. Esa entidad, integrada por miembros del Congreso, decidiría sobre la convalidación del eventual acuerdo de paz.

Dejando de lado los problemas de factibilidad y coherencia política de la propuesta (el Presidente ha empeñado su palabra en el sentido de que las decisiones finales las tomaremos los ciudadanos), hay que anotar que lo que podía hacer un ente soberano no está al alcance del Congreso, el cual no puede actuar por fuera del marco de sus competencias. Únicamente puede investir de precisas facultades extraordinarias al Presidente de la República para dictar normas de jerarquía legal.

A alguien se le ocurrirá la idea de revivir una disposición transitoria de la Constitución vigente en virtud de la cual “el Gobierno podrá dictar las disposiciones que fueren necesarias para facilitar la reinserción de grupos guerrilleros desmovilizados que se encuentren vinculados a un proceso de paz bajo su dirección”. Igualmente, “… para mejorar las condiciones económicas y sociales de las zonas donde ellos estuvieran presentes”.

En verdad, sería chévere para el Gobierno contar con tan amplios poderes. El único problema es que, por las razones ya expuestas, arrasa con la Constitución.

Como el mal ejemplo es contagioso, las Farc también tienen su propuesta: una Constituyente en la que serían ellos, no los ciudadanos en comicios universales, quienes designen buena parte de sus integrantes. Ese cuerpo tendría facultades suficientes para “refundar la Patria”.

Cómo salir de esta encrucijada será el tema de mi próxima columna.

Jorge H. Botero

Presidente de Fasecolda

jbotero@fasecolda.com

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