Jorge Humberto Botero

Actualidad de Cesare Beccaria

Jorge Humberto Botero
Opinión
POR:
Jorge Humberto Botero
diciembre 22 de 2014
2014-12-22 06:46 a.m.
http://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/24/56cdbf9aa1501.png

250 años de la publicación de Los delitos y las penas, el profesor Nodier Agudelo ha preparado una nueva edición de la obra del gran jurista italiano; él cree, posición que comparto, que ella tiene todavía vigencia.
Tan grave como denominar ‘falsos positivos’ a los crímenes cometidos en Colombia por integrantes de nuestra Fuerza Pública, es calificar como ‘técnicas fortalecidas de interrogatorio’ las medidas de ahogamiento transitorio, privación del sueño, flagelación y sometimiento a temperaturas extremas que han sido aplicadas a las personas recluidas en las mazmorras de Guantánamo. Según el diccionario de la RAE, se entiende por tortura el “grave dolor físico o psicológico infligido a alguien, con métodos y utensilios diversos, con el fin de obtener de él una confesión, o como medio de castigo”.
Las autoridades de Estados Unidos, incluido el ex-presidente W. Bush, han negado que constituyan torturas los procedimientos evidentemente encaminados a causar dolor y cuyo objetivo único consiste en obtener información valiosa para prevenir actos criminales. Tal postura es contraria al sentido genuino de las palabras, no importa qué lengua se utilice. Hay que asumir que en el fondo se trata de justificar la tortura para prevenir la repetición de actos terroristas tan graves como los del 11 de septiembre del 2001.
El punto de partida de Beccaria es la proscripción absoluta, por razones humanitarias, de la tortura; se trata, simplemente, de una práctica bárbara que ninguna nación civilizada puede tolerar. Tanto repugnaba este postulado a la sociedad europea de mediados del siglo XVIII, que nuestro autor, para evitar represalias, tuvo que publicar su libro de manera anónima.
Hoy, así se lo viole con frecuencia, es parte del patrimonio común de la humanidad.

Lo dice la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.
Propone, además, otros argumentos de peso para prohibir la tortura, tales como la necesidad de conjurar el riesgo de causar graves tormentos a personas inocentes: “Siendo verdad que es mayor el número de los hombres que por temor o virtud respetan las leyes que el de los que las infringen, el riesgo de atormentar a un inocente es tanto mayor cuanto más probabilidad de que un hombre, en igualdad de circunstancias, las haya respetado en vez de despreciarlas”.
De otro lado, Beccaria advirtió que la confesión forzada por el tormento puede ser falsa: “la impresión del dolor puede crecer al punto de que, ocupándola toda, no deje otra libertad al torturado que la de elegir el camino más corto, de momento, para sustraerse de la pena (...). Entonces, el inocente sensible se proclamará reo, si cree que con ello hará cesar el tormento (...). Este es el medio seguro para absolver a los criminales robustos y condenar a los inocentes débiles”.
El Partido Republicano ha decidido bloquear las investigaciones que permitirían definir responsabilidades individuales; el poder judicial no goza de autonomía para adelantarlas motu proprio.

De otro lado, como Estados Unidos no aceptan la jurisdicción de la Corte Penal Internacional ni hacen parte del Sistema Interamericano de Derechos Humanos, graves delitos quedarán en la impunidad. Hay que lamentar esta grave declinación del estatus moral de un país por tantos motivos admirable.


Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes
sábado