Jorge Humberto Botero

Anhelos poselectorales

Jorge Humberto Botero
POR:
Jorge Humberto Botero
junio 16 de 2014
2014-06-16 02:23 a.m.
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Desde el año 1970, el veredicto de las urnas difundido por la Registraduría ha sido reconocido por el candidato vencido con prontitud, mucho antes de que se realice el proceso formal de los escrutinios que tarda varias semanas.

Este reconocimiento temprano aporta legitimidad política a la democracia colombiana, que es antigua y sólida a pesar de sus falencias, tales como las acciones encaminadas a disminuir la reputación del adversario que tanto ensombrecieron esta contienda. En ese juego deprimente perdimos todos.

Cuando la diferencia en votos es estrecha recae sobre el perdedor una grave responsabilidad. Anhelo que cuando este texto se publique, las ceremonias del reconocimiento por éste del triunfo de su adversario, y la correlativa invitación del Presidente electo a la reconciliación, hayan tenido lugar.

Así las autoridades hayan realizado bien su tarea, tal como ha sucedido en elecciones recientes, se requiere avanzar en el proceso de modernización del sistema electoral. Es perentorio establecer, sin más dilaciones, el voto electrónico y despolitizar el Consejo Nacional Electoral. Sus magistrados deben ser elegidos por méritos sin que importe su filiación política.

Lo que ahora denominamos ‘mermelada’, que consiste en la utilización de recursos fiscales como palanca electoral o contrapartida del voto de los congresistas, es una patología que no hemos logrado suprimir. Se impone eliminar la discrecionalidad que hoy existe para que el gobierno apoye proyectos de interés regional. Si se considera que debe existir una bolsa para esos fines, distinta del Sistema General de Participaciones o la distribución de las regalías, los fondos tendrían que ser asignados por las autoridades territoriales previo un proceso de audiencias públicas riguroso y transparente.

Al margen del resultado de la contienda, es evidente que el presidente candidato goza de ventajas significativas frente a quienes lo desafían desde el pavimento; la Ley de Garantías no logra eliminar este desequilibrio estructural.

En el fragor de la campaña se dijeron cosas que daban la impresión de que ciertos subsidios se financian con recursos de los gobernantes de turno, y no con nuestros impuestos. Este motivo es suficiente para abolir la reelección inmediata. Hay otro: por paradójico que parezca, ella ha reducido el margen de maniobra del Presidente durante su primer mandato. La alternativa adecuada consiste en ampliar el periodo presidencial, solución que podría extenderse a los congresistas y a las autoridades regionales y locales.

Si Santos hubiere ganado, tendrá que advertir que casi la mitad del electorado tiene reparos sobre las conversaciones en La Habana. Su duración es ya excesiva; y perentoria la exigencia de condiciones a los alzados en armas tan elementales como suspender los ataques a la población civil o el reclutamiento de niños.

Pero si Zuluaga fuere el triunfador, debería reconocer que hay razones convincentes en pro de consolidar los avances logrados y culminar el ejercicio; y que abortar los diálogos puede ser demasiado costoso. Es obvio, además, que no puede haber paz con impunidad, pero no lo es menos que nadie negocia el abandono de las armas para pudrirse en una cárcel.

El fin del conflicto no es la paz pero a ella nos acerca. Culminar una tarea adelantada con seriedad es mejor que tirar todo a la basura. El conflicto es una realidad que golpea a muchos colombianos situados hoy en la periferia de la sociedad.

Jorge Humberto Botero

Presidente de Fasecolda

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