Jorge Humberto Botero

Desconfianza social

Jorge Humberto Botero
POR:
Jorge Humberto Botero
enero 27 de 2014
2014-01-27 03:22 a.m.
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Hace algunos años el Museo Nacional de Colombia presentó con gran éxito una muestra de los guerreros de terracota, quizás el tesoro arqueológico más importante de China. El año pasado logró traer al país una muestra representativa de la colección de cerámica de la antigua Grecia que alberga del Museo del Louvre en París.

Constituye una hazaña que grandes museos del mundo nos faciliten tesoros suyos de valor inconmensurable. El traslado, conservación, manipulación y devolución oportuna de las piezas, implica procesos de alta complejidad y grados de confianza enormes de las autoridades estatales de esos países y sus museos en las instituciones colombianas correspondientes.

Por eso causa estupor y tristeza que haya fracasado el desplazamiento a Bogotá de un conjunto de piezas del parque de esculturas de San Agustín en el Huila, uno de los más grandes tesoros arqueológicos de nuestro país. Cuando las piezas se hallaban embaladas y listas para ser trasladadas a Bogotá un grupo de personas impidió, mediante el ejercicio de la fuerza, que la operación tuviera ocurrencia. Con la debilidad que se ha vuelto recurrente, las autoridades se abstuvieron de actuar.

El Museo Nacional ha señalado que como no “se logró llegar a un acuerdo con un sector de la comunidad de San Agustín con respecto a la pertinencia del traslado de las esculturas”, su exhibición no tendrá lugar. Por ello nos invita a reflexionar sobre los derechos que tenemos a disfrutar un patrimonio cultural, que, sin duda, a todos pertenece y no únicamente a ‘un sector de la comunidad de San Agustín’.

Al parecer, los lugareños, que en parte viven de los servicios que suministran a los turistas, temen que si las piezas abandonan su lugar de origen jamás regresen o se las sustituya por replicas. Esta aprehensión tiene algún fundamento. Konrad Preuss, el arqueólogo alemán descubridor, cien años atrás, de la estatutaria de una civilización ya extinguida cuando los españoles llegaron a América, remitió a Europa una muestra representativa de sus hallazgos, la cual desde entonces han sido visitada por multitudes de personas en el Museo de Berlín.

Que una porción significativa de los visitantes a San Agustín sea de origen teutón no es coincidencia. De la misma manera, cabría esperar que si la muestra en el Museo Nacional se hubiera realizado, ello podría haberse traducido en un flujo mayor de viajeros nacionales al parque. Desde esta perspectiva, el sabotaje habría sido contraproducente para quienes lo promovieron.

Pero más allá de las lamentables implicaciones en el ámbito de la cultura que este episodio tiene, vale la pena una breve reflexión política: la obvia e ingrata constatación de que los extranjeros confían en nosotros, pero que los colombianos recelamos de nosotros mismos. No es fenómeno insular. El último estudio de Latinobarómetro muestra que solo el 28 por ciento de los colombianos está satisfecho con el funcionamiento de las instituciones democráticas (38 por ciento es el promedio regional).

De otro lado, la disposición a participar en actos de protesta, bloqueos de vías, por ejemplo, ha venido de auge permanente, más en Colombia que en otros países del área. En efecto: el 78 por ciento de nuestros compatriotas está listo a movilizarse en torno a la salud y la educación (66 por ciento en la región).

Todo esto explica que el poder político sea más frágil y elusivo que nunca.

Jorge H. Botero

Presidente ejecutivo de Fasecolda

jbotero@fasecolda.com

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