Jorge Humberto Botero

Educación: casi todo por hacer

Jorge Humberto Botero
POR:
Jorge Humberto Botero
diciembre 16 de 2013
2013-12-16 11:53 p.m.
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Hace algunos años, creo que bajo Uribe I, se adoptó una determinación audaz: participar en las pruebas Pisa, que miden el desempeño en educación de un conjunto de países, a sabiendas de que los resultados serían malos. Buena decisión. Ahora sabemos con regularidad cómo nos va en una carrera en la que participamos muchos. Medir ayuda a cambiar.

Los resultados recientes son deplorables: los colombianos de 15 años ocuparon el puesto 61 entre 65 por sus conocimientos de lengua, matemáticas y ciencias naturales. He aquí la razón última de los resultados mediocres en el crecimiento del ingreso y la reducción de la inequidad social.

Conviene recordar esta realidad abrumadora ahora que hemos iniciado el proceso para ingresar –suponiendo que hacemos la tarea– a la Ocde: el ‘club de la buenas prácticas’ en el que participan un grupo de países ricos y otros de desarrollo intermedio, que quieren aprender de aquellos. La crisis económica que aún padecen Europa y EE. UU., les resta autoridad moral a los tutores que hemos escogido para darnos cartilla en el campo económico. Pero quizás puedan ayudarnos a implementar la política educativa generando una presión compensatoria sobre los muchos enemigos que ella tiene.

Del reporte inicial sobre Colombia, realizado por la Ocde en enero, llama la atención que el gasto total en educación (7,6% del PIB) sea superior al del promedio de los países que hacen parte de la organización (6,2%), a pesar de lo cual nos va pésimo en las pruebas Pisa. Es como si arrojáramos parte del dinero por la alcantarilla.

Otro dato demoledor: la tasa de desempleo de aquellos que tienen educación secundaria es superior a la de quienes de ella carecen. El mensaje implícito para los jóvenes de los estratos populares es claro: no pierdan el tiempo asistiendo al colegio, es mejor comenzar pronto en el rebusque y la informalidad. Para los de clase media o alta, otras serían las recomendaciones: vayan a buenos colegios privados, hacerlo será una plataforma adecuada para acceder a las mejores universidades.

En rigor, no necesitamos que aparezcan por estos rumbos los sofisticados funcionarios de la Ocde para que sepamos cuál es el camino. Se trata de tareas sencillas de concebir aunque difíciles de ejecutar: aumentar la cobertura y calidad de la educación preescolar. Convertir las medias jornadas en la educación estatal, que ha sido el expediente (espurio) utilizado para aumentar la cobertura, en jornadas completas. Someter a los maestros a evaluaciones periódicas ofreciéndoles, al mismo tiempo, oportunidades de capacitación a aquellos que las necesiten.

Establecer mecanismos de permanencia y ascenso en la carrera docente que recompensen la excelencia y no el mero paso del tiempo. Conceder a los rectores capacidad para gobernar las instituciones que se les confían, aunque sometiéndolos a procesos estrictos de rendición de cuentas. Y, en últimas, lograr que la educación pública la maneje el Estado, no los sindicatos.

La verdad es que los problemas de la educación en Colombia no solo se resuelven, como atrás se indicó, con más plata. Hay que gastar mejor, para lo cual se requiere voluntad política y capacidad gerencial. Por eso cuando los aspirantes a la Presidencia nos presenten sus propuestas, tendremos que pedirles que nos digan, además de cuánto van a invertir, cómo van a hacerlo.

Jorge H. Botero

Presidente de Fasecolda

jbotero@fasecolda.com

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