Jorge Humberto Botero

Estrés laboral

Jorge Humberto Botero
POR:
Jorge Humberto Botero
noviembre 16 de 2013
2013-11-16 11:04 p.m.
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Las enfermedades asociadas al trabajo, como cualquier otra, responden a la evolución biológica y social; el conocimiento científico tiene que ocuparse de esas nuevas realidades para aportar las bases necesarias para definir los factores que generan incapacidad o invalidez, derivadas de la actividad laboral.

Esta cuestión es importante por cuanto el Ministerio del Trabajo está trabajando en la actualización de la tabla que recoge estas patologías y que sirve para definir las cotizaciones a cargo de los empleadores.

Recientemente, expertos de la Federación Alemana de Seguros de Accidentes visitaron nuestro país para contarnos su experiencia en este campo.

Por ellos, hemos conocido que la tendencia consiste en incluir en el catálogo respectivo ‘el estrés laboral’.

Definirlo no es tarea sencilla: la tensión anímica hace parte de la condición humana; quien no siente algún grado de estrés, no vive a plenitud; la vida sin pasión es mediocre, así la pasión canse…

De allí la dificultad para discernir hasta qué punto el estrés es normal, como tampoco es sencillo determinar con exactitud si es causado por factores estrictamente laborales, si obedece a causas ajenas al trabajo, o, lo que es altamente probable, a la interrelación de todas las presiones que la vida genera.

Los impactos derivados del trabajo, los eventos que tienen ocurrencia fuera de él y la calidad del sueño inciden tanto en la salud como en la enfermedad.

Es innegable que una depresión posterior a un accidente ocurrido en el trabajo es, sin duda, de origen laboral, pero ¿qué decir de una neurosis padecida por quien, además, de haber asumido una nueva y ‘estresante’ posición en la empresa, ha tenido un fracaso afectivo?

En otros países, tanto como el nuestro, empieza a notarse una tendencia a utilizar criterios laxos en la definición de la causa del estrés.

Dadas las limitaciones y falencias en la atención de la salud de origen común, los pacientes procuran –a veces con éxito– que sus dolencias, sin un examen riguroso, se consideren de origen laboral.

No se trata de un asunto trivial. Si el costo de la cobertura de las enfermedades laborales se elevara de manera injustificada, se tendría un efecto negativo en la generación de empleo formal, que es, a su vez, indispensable para lograr que la productividad del trabajo nacional mejore de manera sustancial.

De lo contrario, no lograremos superar uno de los obstáculos que nos dificultan la competencia en el mercado internacional.

Según cifras del World Penn Tables, al menos el 30 por ciento del crecimiento económico de los últimos sesenta años en Japón y Estados Unidos se debe a ganancias en ‘productividad’, entendida esta como el uso eficiente de su capital físico y humano.

Para que se aprecie la gravedad del contraste, tengamos en cuenta que la productividad media en Colombia es 35 por ciento inferior a la de Estados Unidos. He aquí una de las razones de por qué el país no crece más rápido.

En el diseño de las políticas públicas es preciso conciliar objetivos que, con frecuencia, son contrapuestos. Un buen ejemplo consiste en la definición de la nueva tabla de enfermedades de origen laboral. Buen tema para el Alto Consejero para la Competitividad, recientemente designado por el Gobierno.

Jorge H. Botero

Presidente de Fasecolda

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