Jorge Humberto Botero

Ahora que no llueve...

Jorge Humberto Botero
Opinión
POR:
Jorge Humberto Botero
agosto 12 de 2014
2014-08-12 01:45 a.m.
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Estamos bajo los caprichos de El Niño y se escuchan críticas al sector asegurador por no brindar coberturas contra el riesgo climático, justamente en el momento en que ellas son más necesarias. Para entender ese comportamiento es preciso describir el ámbito en que los seguros pueden funcionar.

En un extremo, no son asegurables los riesgos cuya ocurrencia es imposible, por ejemplo, el peligro de helada en las costas no puede suceder. En el otro, los daños ya materializados como los que derivan de un incendio en curso, tampoco lo son. El seguro opera con relación a sucesos posibles, los cuales son medibles. De esto último depende que el asegurador decida asumirlos y el precio o prima que exigiría a cambio.

Como ya comenzó la sequía, los riesgos de falta de humedad de los suelos o de agua para que el ganado pueda vivir, están ocurriendo. Por eso, las aseguradoras -cada una bajo sus propias políticas y sin acuerdo alguno al respecto- podrían abstenerse de ofrecer nuevas coberturas. Sin embargo, son indispensables dos precisiones:los amparos ya concedidos se mantienen, se ofrecen contratos nuevos a aquellos solicitantes que tengan adecuada capacidad de mitigación del riesgo. Así sucede cuando disponen de reservas de agua tales como embalses o pozos profundos.

El ciclo hídrico actual pone de presente el grado enorme de retraso en la gestión del recurso y la pobre institucionalidad del sector del agua. En sus recientes discursos, el presidente Santos ha anunciado incrementos sustanciales del presupuesto nacional para el sector agropecuario. Bienvenidos esos dineros si no se destinan, como de ordinario acontece, a conceder generosos subsidios que profundizan el rezago del campo.

Lo que se requiere con urgencia es una mejor infraestructura para acumular el agua en los meses en que abunda, distritos de riego para distribuirla y nuevas técnicas para optimizar su uso. El riego por goteo es una de las causas del éxito colosal de la agricultura en zonas del Perú en las que nunca llueve.

El mejor manejo del agua -cuando escasea o es excesiva- acota los riesgos, lo cual permite la oferta amplia y a precios bajos de seguros agropecuarios. Sin embargo, se requiere la solución previa de dos cuellos de botella.

El primero es la precaria calidad de la información climática, la cual, por tratarse de un bien público básico, debe ser provista por el Estado. Esto significa la realización de mediciones regulares en todas las zonas relevantes, series temporales largas y fácil acceso a los datos. De ello depende que las decisiones de agricultores y aseguradores se tomen sobre bases racionales, no en oraciones a San Isidro o en apuestas de casino.

El segundo, es que la política de subsidios elevados a los seguros no ha servido para estimular su compra por los campesinos. Esta conducta se explica por lo difícil que resulta percibir las bondades de transferir los riesgos, incluso para personas de cierto nivel cultural (aun siendo obligatoria la cotización a pensiones de vejez muchos la eluden). Y porque se tiene la sospecha de que, materializado el siniestro, ‘papá Gobierno’ asumirá las consecuencias. Sé que el nuevo Ministro de Agricultura entiende el problema y quiere ayudar a resolverlo.

Jorge H. Botero

Presidente de Fasecolda

jbotero@fasecolda.com


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