Jorge Humberto Botero

¿Posconflicto?

Jorge Humberto Botero
Opinión
POR:
Jorge Humberto Botero
agosto 24 de 2014
2014-08-24 09:47 p.m.
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Los grados de divergencia entre las señales que nos hacen llegar los ‘actores del conflicto’ -el Gobierno y las Farc- son elevados. Durante la reciente campaña electoral, y en las semanas siguientes, el Gobierno nos ha invitado a “prepararnos para la paz”, un mensaje subliminal sobre la inminencia del fin de la confrontación que fue reiterado en el discurso de posesión del presidente Santos y acentuado con la bella puesta en escena del evento.

Si se dijera que lo anterior constituye, apenas, la expresión de nobles anhelos, cabría anotar que son realidades tangibles los acuerdos ya firmados sobre desarrollo rural, solución al problema de las drogas ilícitas y participación en política, no obstante ellos hayan sido objeto de varios documentos de ‘salvedades’, lo cual arroja dudas sobre la firmeza de los compromisos asumidos por la guerrilla.

Por su parte, las Farc dicen que no debemos ilusionarnos con que haya un acuerdo este año, postura coherente con su discurso de apertura de las negociaciones en Oslo, en octubre de 2012: “La pretendida paz exprés que algunos promocionan, por su volátil subjetividad y por sus afanes, solo conduciría a los precipicios de la frustración”. No les falta razón: si para los tres primeros puntos del acuerdo que regula el proceso se han requerido casi dos años, tiene lógica pensar que para la otra mitad (reparación de las víctimas, fin del conflicto y refrendación de los acuerdos) sea necesario un tiempo semejante.

A pesar de la incertidumbre resultante de las posturas antagónicas de las partes, imaginemos que la dinámica que conduce al acuerdo es irreversible. En esa hipótesis, ¿para cuándo podríamos esperar ese feliz acontecimiento? Como el eventual acuerdo no se realizaría para crear un nuevo orden constitucional, sino para incorporar a quienes se encuentran al margen de la ley, la respuesta, en parte, depende de factores jurídicos. Veamos:

a) Una reforma temporal de la Constitución, conocida como ‘Marco Jurídico para la Paz’, le permitiría al Congreso dictar una ley para establecer el régimen punitivo excepcional indispensable para poner fin a la confrontación; b) esa ley, que no ha sido llevada al Congreso, requiere revisión por la Corte Constitucional para que pueda entrar a regir; c) como el Gobierno se ha comprometido a que el acuerdo que se suscriba será sometido a referendo constitucional, se requiere expedir una ley de convocatoria al pueblo, la cual, igualmente, requiere escrutinio previo de la Corte Constitucional; d) por último, el Gobierno ha dispuesto que esa votación debe coincidir con otro acto electoral.

Resulta razonable asumir que para cerrar el acuerdo es preciso que esté definido el régimen punitivo aplicable a los alzados en armas, en especial a sus líderes; a su vez, para que se inicie el trámite de la ley que convoca al referendo, tiene que haberse cerrado la negociación. No es probable que esas leyes estén listas antes de octubre del 2015, cuando tendrán lugar las elecciones regionales. Como el próximo evento previsto en el calendario electoral son las elecciones parlamentarias de marzo del 2018, ese sería el momento para que los ciudadanos refrendemos el acuerdo.

Los procesos de paz suelen madurar con lentitud. El problema con el nuestro es que se ha creado la expectativa de que la paz está a la vuelta de la esquina.

 

Jorge H. Botero
Presidente de Fasecolda
jbotero@fasecolda.com


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