Jorge Humberto Botero
coyuntura

Reforma tributaria e IVA: ajuste necesario

Gobierno prometió una reforma que permita a las empresas competir en los mercados domésticos y externos. 

Jorge Humberto Botero
Opinión
POR:
Jorge Humberto Botero
julio 05 de 2016
2016-07-05 08:48 p.m.
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El Gobierno le ha prometido al país una reforma tributaria estructural: que ordene la tributación, el gasto y la administración tributaria; que permita a las empresas competir en los mercados domésticos y externos; que dote de progresividad a la función fiscal; y que contribuya a la reducción de la informalidad. Todo esto en un contexto de reglas estables en el largo plazo.

La sucesión de reformas tributarias cada 18 meses generó un estatuto tributario inextricable, tarifas elevadas y dispersas, multitud de tratamientos preferenciales, alta evasión y elusión, baja productividad de los impuestos y carga excesiva en unos pocos contribuyentes. Pero también el gasto público adolece de serios problemas que le impiden su función redistributiva; recuperarla implica no solo un examen a fondo de la política de subsidios para mejorar su focalización, sino también del régimen de pensiones para cumplir con sus principios de eficiencia, universalidad y equidad.

Una reforma de estas características es muy ambiciosa. Pero es necesaria para asegurar el desarrollo económico del país y mejorar el bienestar de todos los ciudadanos. Lo razonable es tramitarla por etapas, comenzando con la relativa a los ingresos del gobierno, pero sin perder de vista los demás componentes.

Además, es importante que la sociedad evalúe integralmente la reforma que el gobierno proponga. No se puede mirar cada impuesto de manera aislada, sino en el contexto amplio de la política fiscal. Un impuesto puede tener sesgos regresivos, pero es posible mitigarlos mediante los efectos redistributivos del gasto público.

En ese contexto es que debe evaluarse la propuesta de la Comisión de Expertos para modificar el IVA. En su opinión, se deben establecer cinco categorías de tarifas: no gravados (hoy llamados excluidos), gravados al 0% (hoy llamados exentos), al 5%, al 10% y al 19%. Se incluirían más transacciones, pero se mantendrían en la categoría de no gravados los servicios de salud, educación, transporte público de pasajeros, y el consumo vital de servicios públicos domiciliarios. También se propone que los empresarios puedan descontar el IVA pagado en la adquisición de bienes de capital, medida esencial para fortalecer el clima de inversión.

Esos ajustes son necesarios porque las comparaciones internacionales muestran que el IVA no es un impuesto que se esté aprovechando adecuadamente. La tarifa general de Colombia (16%) es ligeramente inferior al promedio de Suramérica (16.2%) y menor que la de Europa (20.1%) y la OCDE (19.2%); los países nórdicos, ensalzados por el alto nivel de bienestar de su población, tienen tarifas del 25%.

Un estudio de la DIAN, calcula la cobertura del IVA (1-exclusiones/recaudo potencial) para Colombia en 39.3%, mientras que la media para Europa es de 69.2% y para una muestra de 10 países latinoamericanos de 51.4%. Esto evidencia el elevado peso de las exclusiones en el país. El mismo estudio calcula en 0.61 la productividad del IVA en Europa (recaudo como porcentaje del PIB sobre la tarifa general del impuesto), 0.44 en la muestra de Latinoamérica y 0.39 en Colombia. Se refleja en el indicador colombiano no solo la menor tarifa, sino la baja cobertura y la alta evasión.

Tradicionalmente, en Colombia el debate sobre un posible aumento de tarifas y base del IVA se enfoca en la regresividad del impuesto. La literatura reciente discute ese argumento en función del diseño del impuesto y de la forma de medir los impactos.

Un estudio sobre los miembros de la OCDE afirma que "los resultados globales de los 20 países incluidos en el informe muestran que los sistemas de IVA son regresivos cuando se miden como porcentaje de los ingresos, pero en general son proporcional o ligeramente progresivos cuando se miden como porcentaje de los gastos". De otro lado, las tarifas reducidas no garantizan un efecto redistributivo. Según el BID, el consumo que tiene tasa cero es realizado en su mayor parte por el 20% más rico de la población como lo muestran estos ejemplos: Costa Rica, 65.2%; México, 35.1% y Uruguay, 42.0%.

Es claro, entonces, que los problemas en el diseño del IVA se pueden corregir en la reforma tributaria para incrementar el recaudo y dotar al tributo de progresividad, tarea que deberá estar acompañada con una estrategia para fortalecer la fiscalización y combatir la informalidad.

Es la hora de una reforma integral; no de más remiendos presionados por las demandas de mayor recaudo. Entendemos que es lo que el Gobierno anhela.

Jorge H. Botero
Presidente de Fasecolda

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