Jorge Humberto Botero

Salarios y productividad

Jorge Humberto Botero
Opinión
POR:
Jorge Humberto Botero
julio 03 de 2014
2014-07-03 04:36 a.m.
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En la pasada campaña presidencial se hicieron propuestas osadas sobre la determinación de los salarios que, de ser adoptadas, pondrían en riesgo una exitosa política de formalización laboral encaminada a que el aumento de los salarios sea resultado de ganancias en la productividad del trabajo, no de decisiones tomadas por motivos ajenos a esta.

La rigidez del mercado laboral es una herencia del proteccionismo inmanente al modelo sustitutivo de importaciones. Ese modelo aisló la determinación del salario de la situación real de los mercados, lo que produjo el estancamiento de la productividad y la pérdida de competitividad de la economía.

En una economía cerrada, esa rigidez se puede transferir vía precios a los consumidores, lo cual erosiona su ingreso real. Pero en una economía con algún grado de apertura como la nuestra, esta estrategia no es viable: los sobrecostos a la generación de empleo restringen la capacidad de las empresas para enfrentar la competencia foránea y repercuten en aumentos en la informalidad laboral y el desempleo.

Según la OIT, el valor agregado por trabajador en Colombia en el 2012 era casi el mismo de 1991. Los datos indican que la productividad cayó continuamente hasta el 2003 y a partir de entonces, inició una gradual tendencia de recuperación.

Hay que ser conscientes de que como participantes en una economía crecientemente globalizada, si queremos progresar toca movernos, al menos, al ritmo de los demás países. Lamentablemente, el indicador de productividad laboral relativa de Colombia con respecto a EE. UU., por ejemplo, refleja un permanente deterioro. Mientras que en 1991 el valor agregado por un trabajador colombiano equivalía al 31,5% del que aportaba un estadounidense, en el 2012 apenas representó el 22,9%.

Pese a esta tendencia negativa de la productividad laboral, mantenemos una política de salario mínimo anacrónica. En la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Laborales, rara vez se acuerda este salario, priman las posiciones radicales de algunos de sus miembros, razón por la cual el gobierno termina fijándolo. Debería hacerlo teniendo en cuenta, exclusivamente, la inflación y las ganancias en productividad, aunque, en realidad, la decisión se toma con base en el criterio de darle un poquito a unos y a otros.

Así las cosas, el salario mínimo usualmente sube más que la inflación y las ganancias en productividad. Aun cuando la medición calculada por el DNP es la productividad total de factores (PTF) -y no aísla la del trabajo- los datos no son positivos. Según The Conference Board, los cálculos de PTF para Colombia registraron variaciones negativas en el periodo 2008-2010 y en el 2012, pese a lo cual el salario mínimo creció más que la inflación, tanto pasada como proyectada.

Los argumentos expuestos pretenden hacer un llamado al Gobierno, trabajadores y empresarios sobre la importancia de decidir con buen criterio. Fijar los salarios sin considerar la evolución de la productividad, reduce la demanda de empleos formales y empuja los trabajadores a la informalidad. Abundan los estudios que demuestran una correlación positiva entre empleo formal y productividad laboral y una negativa entre empleo formal y pobreza.

Hay que procurar mejores salarios, aunque, para lograrlos, el producto de nuestro trabajo tiene que aumentar. Por supuesto, existen otras alternativas: congelar los precios y duplicar, por ley, los salarios. Como en Venezuela.

Jorge H. Botero

Presidente Fasecolda

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