Jorge Humberto Botero

Superación del conflicto armado

Jorge Humberto Botero
POR:
Jorge Humberto Botero
septiembre 09 de 2013
2013-09-09 12:42 a.m.
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La Asamblea de la Andi, realizada en Pereira, sirvió de escenario para tomar conciencia de la importancia que ha adquirido la clase media en varios países de la región, incluido el nuestro. Según cifras del Banco Mundial, en Latinoamérica este segmento poblacional pasó de ser el 21 por ciento en 1995 al 32 por ciento en el 2011. En el caso de Colombia, el reciente Informe de la Misión de Equidad y Movilidad Social encontró que los estratos medios pasaron de representar el 16 por ciento en el 2001 al 26 por ciento en el 2011. Se espera que esa tendencia siga aumentando en la próxima década.
Correlato positivo de esta tendencia es la reducción de la pobreza. De acuerdo con los datos del Dane a abril del 2013, la pobreza multidimensional, es decir la que tiene en cuenta no solo la variación de los ingresos monetarios, sino las distintas modalidades de privación que pueden padecer los hogares, como falta de acceso al agua potable, el 27 por ciento de la población está en la actualidad bajo la línea de pobreza, frente al 30,4 por ciento en el 2010. Se trata, sin duda, de un avance notable logrado en breve lapso.
Esta evolución se traduce en una mejora general en el poder adquisitivo de la población que tiene efectos multiplicadores en la demanda de vivienda, automóviles, recreación y turismo; implica también mayores tasas de ahorro personal que se deben canalizar hacia productos como portafolios de inversión, seguros educativos, de propiedad y de vida.
El auge de las capas medias de la población, que con grandes esfuerzos ha venido mejorando su calidad de vida, debería convertirse en un factor de estabilidad política; no querrán ver en riesgo, quienes recientemente han salido de la pobreza, lo que tanto les ha costado conseguir como consecuencia de desórdenes o enfrentamientos armados. La evidencia empírica lo confirma. Salvo donde se presentan choques culturales o religiosos, la posibilidad de conflictos bélicos de carácter civil tiende a disminuir en la medida en que aumenta el ingreso per cápita.
Sin embargo, no siempre es así. Un mal desempeño de la economía puede generar rechazo de amplios sectores de la sociedad a las instituciones de la democracia; sucedió en Alemania en los años 30 del siglo pasado. Los recientes brotes de inconformidad popular en Chile, el país de la región que más ha progresado desde la óptica social, muestra que cuando se satisfacen unas necesidades afloran demandas nuevas sobre el sistema político que este no logra atender con suficiente celeridad.
Los paros y manifestaciones civiles (deslegitimadas parcialmente por su carácter violento), demuestran que no todos los colombianos sienten que su situación haya mejorado. Tienen razón. Las disparidades de bienestar entre las distintas regiones del país es elevada, la brecha entre la ciudad y el campo está creciendo.
Estamos progresando, sin duda, aunque es preciso apretar el paso. Las políticas sociales están bien concebidas; no obstante, para que su efecto sea mayor, la economía debe crecer más rápido. Por eso hay que apostarle al fin del conflicto armado, que por lejano que se encuentre, nunca ha estado tan cerca.

Jorge H. Botero

Presidente de Fasecolda
jbotero@fasecolda.com

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