Jorge Mario Eastman Vélez

Carter: ave Fénix

La reciente visita de Carter a Colombia pasó casi inadvertida, dado el provincianismo con que acostumbramos analizar la política internacional.

Jorge Mario Eastman Vélez
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Jorge Mario Eastman Vélez
febrero 17 de 2013
2013-02-17 10:24 p.m.
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La reciente visita de Carter a Colombia pasó casi inadvertida, dado el provincianismo con que acostumbramos analizar la política internacional y la dimensión de sus más importantes agentes.

Recordamos, ahora, cuando por allá en 1980, recién posesionados como embajadores de Colombia, presentamos credenciales ante un presidente derrotado y luego haber asistido a la posesión espectacular de su retador Ronald Reagan, quien, por cierto, entró acompañado, entre otros, por Frank Sinatra y Elizabeth Taylor. Es decir, la confrontación entre dos ideologías, dos estilos, dos modos antitéticos de concebir el rol histórico que debía jugar su país hacia el inmediato futuro. Era el triunfo, para decirlo gráficamente, del oeste empresarial contra el este intelectual.

En efecto, al carismático exactor de cine le había bastado prometer a su nación rebaja de impuestos, real politik, liderazgo mundial, más neoliberalismo y, sobre todo, satanizar todo aquello que tuviera algún parentesco con el comunismo. Carter fue reducido, entonces, a ser un simple expresidente “enigmático y santurrón”. No olvidamos que a las 7:00 p.m. de ese mismo día, Carter discretamente aceptó los resultados desde el Hotel Hilton (el mismo sitio en el que poco después un adolescente enamorado de Judy Foster atentaría contra Reagan).

Algunos analistas consideraron que el expresidente había desaparecido para siempre del escenario político, y que regresaría a Georgia a sembrar cacahuetes y a escribir sus memorias a cambio de varios millones de dólares. Sobre el horizonte, nadie, o muy pocos, advertían chance alguno de reivindicación. Les parecía natural que un electorado rabioso le hubiera pasado doble factura por la demora y el fracaso en la liberación de los rehenes en Irán y por su fatídica coincidencia con la invasión soviética a Afganistán.

Ciertamente, este par de acontecimientos, sumados a una equívoca complicidad con el sha de Persia, se habían encargado de sepultar su aspiración reeleccionista. De nada habían servido sus ejecutorias, tales como la gran conquista lograda en Camp Davis (Tratado de Paz entre Egipto e Israel), la armonización de las relaciones con China, el Acuerdo con la Unión Soviética (SALT II) y el Tratado sobre el Canal de Panamá.

Pese a tan malos augurios, en 1982, con la asesoría de Vance, Brzezinski, Mondale y Jordan, Carter creó una fundación con el propósito de darles proyección a sus máximos ideales: los Derechos Humanos, la democracia con justicia social y la vigencia de reglas más equitativas entre el norte de las grandes potencias y el sur del subdesarrollo.

Su reencauche comenzó con su primera visita a Cuba y con la prestación de sus buenos oficios en Bosnia, Sudán, Haití, México, Nicaragua y Perú. Es hoy uno de los personajes más importantes del mundo, empeñado en que la primera potencia trascienda su tradicional inclinación aislacionista y su arrogancia hegemónica. Adenda: con Carter, el ave Fénix ha resucitado, demostrando que los líderes de verdad nunca mueren definitivamente.

Jorge Mario Eastman V.
Exministro y exembajador

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