Jorge Mario Eastman Vélez

Gerardo Molina

Jorge Mario Eastman Vélez
POR:
Jorge Mario Eastman Vélez
agosto 14 de 2012
2012-08-14 03:25 a.m.
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Por esta fecha, los miembros de la llamada Generación de Estado de Sitio recordamos las enseñanzas de nuestro inolvidable maestro Gerardo Molina.

Refiriéndose, por ejemplo, a los años 30, cuando la dirigencia insistía en continuar disfrutando de una nueva ‘patria boba’ caracterizada por el imperio de unas instituciones a espaldas de lo que estaba ocurriendo en el mundo exterior. Una Colombia pastoril que, luego de un letargo hegemónico de 50 años, se resistía a ingresar al siglo XX.

Esta calma chicha aparente tenía su explicación: desde Rafael Reyes, cuando los filólogos sustituyeron a los caudillos militares. Y los gramáticos y los retóricos (Restrepo, Concha, Suárez, Abadía). Pasaron a comandar la cosa pública en relevo de ese generalato, que, con mostachos chamuscados de pólvora y sables desenvainados, durante casi un siglo habían copado la historia nacional. Un molondrismo cariñosamente administrado, que hizo pensar a muchos que la nación andaba bien, tan bien, que más parecía una arcadia feliz.

Por fortuna, el triunfo de Olaya Herrera sacudió el establecimiento y, a partir de 1930, el experimento de la concentración nacional empezó a desmontar el andamiaje de medio siglo de hegemonía.

Una sociedad elitista y estratificada fue advertida, de repente, por un huracán de gente nueva que iba, por lo menos, a poner en peligro a cuatro años vista su cómoda y larga preeminencia.

En este preciso momento, hizo presencia el liderazgo indiscutible y autónomo de Alfonso López Pumarejo, y se echaron, bajo su dirección, las bases de su “revolución en marcha”.

En efecto, un grupo de gente sin charreteras, seleccionada con acierto a base de golpes de intuición, se encargó de hacer viable este gran salto histórico.

Para vender la idea de renovación, López acudió a una generación que significaba intrepidez, ausencia de compromisos con el pasado y, desde luego, brillo intelectual, buenas lecturas e inconmensurable capacidad de riesgo: “las audacias menores de 40 años”.

Este flamante elenco pasó rápidamente del anonimato a la celebridad. Bastaron unos pocos discursos parlamentarios para que Colombia extendiera el finiquito a los generales simbolizados, por ejemplo, un Cuberos Niño, y acataran la orientación de los autores de algo así como un doble ‘golpe de Estado’, tanto generacional como intelectual.

Ahora, el turno era de otros, hasta ese instante desconocidos o apenas personajes de segunda fila: Gabriel Turbay, Gaitán, Alberto Lleras, Carlos Lozano, Echandía, Soto del Corral, Rocha, Zalamea, etc. Entre este escuadrón habría de jugar un rol, de máxima importancia, como reformador del esquema educativo confesional y retardatario, un paisa recién llegado a la capital que sabría combinar, con maestría, sus maneras cordiales con su fuerza conceptual y su mensaje contestatario: el joven profesor Gerardo Molina.

Adenda: el deporte ha demostrado en Londres que es una herramienta insustituible para lograr la paz.

Jorge Mario Eastman Vélez

Exministro Delegatario

consignajme@yahoo.com

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