Jorge Mario Eastman Vélez

Hernán Echavarría

Jorge Mario Eastman Vélez
Opinión
POR:
Jorge Mario Eastman Vélez
octubre 10 de 2012
2012-10-10 12:32 a.m.
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Se puede estar en contravía, al margen o a favor de las realizaciones de Hernán Echavarría, pero ignorarlas resulta un lujo que los colombianos no podemos darnos.

Una mente alerta con visión de futuro, hacedor de universidades y faro orientador de una escuela que se resiste a dejarse embaucar por el ‘capitalismo salvaje’.

Y que hoy cuenta con una nómina de influyentes voceros dentro de los que hemos llamado la ‘Generación del Estado de Sitio’, tales como Fabio Echeverri, Luis Carlos Villegas, Alejandro Gaviria, Galofre, Vargas, Marcela Prieto, Ricardo Ávila, Ricardo Santamaría.

Sus opiniones no se redujeron a producir riqueza, y mucha, sino a discutir e imponer un concepto capitalista más moderno a una nueva generación, para que más allá del lucro cuente con una especie de ‘ideología del desarrollo’ destinada, según Echavarría, a servir de alternativa para una Colombia todavía con estructuras semifeudales, asfixiada por el parroquialismo, desigual como la más, con un conflicto múltiple de medio siglo, degradada en sus valores y a somatén de un Estado corrupto e ineficiente.

¿Hasta dónde son válidas y, sobre todo, aplicables las tesis de Echavarría? Para responderlo, doctores tiene la santa iglesia, por ejemplo, cuando planteó una tesis que para algunos debió parecer una herejía: citando y apoyándose reiteradamente en Keynes, “afirmó que solo nos queda del feudalismo la marcada preferencia de nuestro pueblo por las inversiones en tierra…, porque no hemos querido desarrollar un mercado de valores vigoroso, en el cual las acciones en sociedades anónimas pudieran encontrar inversionistas”.

Al respecto, insistió en que estos seguirán absteniéndose de invertir en otros bienes distintos a la tierra, porque es el único que, como el dinero, ofrece mejor rentabilidad, facilidad para guardarlo y liquidez.

Dijo textualmente: “lo único que puede resolver el problema de la indigencia y pobreza es un impuesto a la tierra que tenga por objeto hacer que la clase que tiene el dinero para invertir deje de hacerlo en tierras con miras a beneficiarse por el incremento de la valorización”. Y calificó como desafortunado que las tesis de Keynes en esta materia “hayan sido ignoradas, pues ello ha conducido al atraso social y económico de nuestro país”.

En relación con esta interesante exposición, algún intérprete le formuló desde la cátedra las siguientes observaciones:

1. Un mundo globalizado y exportador, como el que caracteriza a este del tercer milenio, permite pensar que Keynes tal vez no suscribiría hoy lo que en este punto concreto sostuvo en 1936, sobre todo, en un país en guerra como Colombia.

2. En su momento, el impuesto al patrimonio era diferente a lo que se entendía como ‘renta presuntiva’.

3. En estricto sentido, el 10 por ciento decretado en esa época no fue un gravámen sobre la tierra, sino una forma de establecer si estaba o no adecuadamente explotada.

Repasar a Echavarría como pensador y hombre de empresa es una manera de rebelarnos contra la corrupción y la mediocridad imperantes.

Jorge Mario Eastman

Exministro Delegatario - Exembajador en EE. UU.

consignajme@yahoo.com

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