Jorge Mario Eastman Vélez

‘Puentes’ con Gabo

La obra más solicitada ha sido Memoria de mis putas tristes, según la cual, en opinión del crítico Winston Manrique, Gabo vuelve a asombrarnos.

Jorge Mario Eastman Vélez
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Jorge Mario Eastman Vélez
julio 29 de 2012
2012-07-29 07:44 p.m.
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El chorro de ‘puentes’ que acabamos de disfrutar –recordar agradecidos a su gran responsable, Raimundi Emiliani– volvió a traducirse en una demanda mayor de los autores preferidos. Y, obviamente, punteó de nuevo nuestro Nobel de Literatura. En esta ocasión, tal vez para sorpresa de muchos, la obra más solicitada ha sido Memoria de mis putas tristes, según la cual, en opinión del crítico Winston Manrique, Gabo vuelve a asombrarnos con su maestría para cazar palabras y dignificar nuestro léxico popular y callejero.

Un precioso relicario de frases y términos redescubiertos que sirve para demostrarnos que el español no tiene fronteras ni par en su belleza y musicalidad.

Otra vez, Gabo nos ha abierto las ventanas de su vocabulario con tal perfección y riqueza, que nos deja en cada palabra el testimonio de su devoción por sus virtudes de adivinación y su permanente victoria contra los sordos poderes de la muerte.

Por ejemplo, sin perder su condición de inventor, nos recrea desenterrando sustantivos, verbos y adjetivos en tregua.

Con pinzas de neurocirujano –sumergien- do al hombre, sin que se dé cuenta en los valles apacibles del sueño– sus lectores quedamos iluminados de nuevo con todas las sentencias sabias de su nonagenario personaje, cuyo perfil sintetiza en tres palabras rotundas: feo, tímido y anacrónico. Y viejo, agrego

Regodeemos algunas de ellas:
- “Dio media vuelta y me dejó sólo con el terror”.
- “A mi edad cada hora es un año”.
- “También la moral es un asunto de tiempo”.
- “Hacíamos amores sin amor, medio vestidos las más de las veces y siempre en la oscuridad para imaginarnos mejores”.
- “El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor”.
- “¡Qué maravilla! Todavía le queda la elegancia de ruborizarse”.
- “Descubrí que el amor no es un estado del alma, sino un signo del zodiaco”.
- “La fuerza invencible que ha impulsado al mundo no son los amores felices, sino los contrariados”.
- “La fama es una señora muy gorda que no duerme con uno, pero cuando uno despierta está siempre mirándonos frente a la cama”.
- “Cuando se me acabó la esperanza, me refugié en la paz de los boleros”.
- “Siempre había entendido que morirse de amor no era más que una licencia poética”.
- “Comprobé, con horror, que se envejece más y peor en los retratos que en la realidad”.
- “Empecé a tomar conciencia de mi vejez por mis flaquezas frente al amor”.
- “Siempre he dicho que los celos saben más que la verdad”.
- “La edad no es la que uno tiene, sino la que uno siente”.
- “El primer síntoma de la vejez es que uno empieza a parecerse a su padre”.
Al dar la vuelta a la última página de este libro maravilloso y mágico, hemos recordado la sentencia de Cebrián: “García Márquez es un mimado de los dioses”.
Adenda: acertada la designación de la exministra Beatriz Uribe como directora de la política minera. 

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