José Manuel Salazar-Xirinachs

¿Se recupera el empleo, o todavía no?

Aunque en algunos países de América Latina se han recuperado tasas de desempleo urbano a niveles de

José Manuel Salazar-Xirinachs
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José Manuel Salazar-Xirinachs
febrero 10 de 2011
2011-02-10 12:52 a.m.
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El crecimiento económico puede estar repuntando, pero los mercados laborales siguen estancados o se recuperan débilmente y de modo dispar. El desempleo a nivel mundial se ubica en su máximo histórico por tercer año consecutivo y no muestra señales de retroceder en el corto plazo. La débil situación de los mercados laborales frena el crecimiento y amenaza la recuperación.
Estas conclusiones, parte del informe ‘Tendencias Mundiales del Empleo 2011’, publicado por la Organización Mundial del Trabajo (OIT), abren un gran interrogante en torno a la recuperación del empleo.
Aunque en algunos países de América Latina se han recuperado tasas de desempleo urbano a niveles de precrisis, para la mayoría del mundo, en especial las economías avanzadas, la crisis del empleo está lejos de haber terminado. En el 2011 se espera que el desempleo continúe alto, con más de 200 millones de personas sin trabajo y una tasa de desempleo de 6,1%.
Los trabajadores jóvenes enfrentan una situación particularmente difícil. La tasa de desempleo juvenil fue de 12,6% en el 2010, y en algunos países superó 30 o incluso 40%. La OIT ha venido advirtiendo que el alto desempleo juvenil y el subempleo podrían conducir al descontento social y amenazar la cohesión social. Esto es precisamente lo que está sucediendo en algunos países. Las cifras de desempleo no incluyen a los trabajadores desalentados: aquellos que perdieron la fe y ya no buscan trabajo. La OIT calcula que existen 1.7 millones de jóvenes en esta categoría, en 56 países.
También debemos tomar en cuenta la calidad del trabajo y los ingresos: el empleo involuntario a tiempo parcial sigue aumentando, con las inseguridades y los bajos salarios que esto implica. Lo mismo sucede con el desempleo de largo plazo y su consiguiente destrucción del capital humano y de empleabilidad, lo cual amenaza en convertir un fenómeno cíclico en un problema estructural. En los países en desarrollo, la tendencia positiva de largo plazo hacia la reducción del empleo vulnerable y la pobreza se vio interrumpida por la crisis. Esto no significa que las políticas de respuesta a la crisis económica fueron erradas. De no ser por las contundentes medidas de estímulo fiscal y monetario que los gobiernos pusieron en práctica, hoy no estaríamos hablando de recuperación económica.
Pero no debemos dejar que el actual repunte económico esconda el hecho de que la crisis del empleo aún no ha terminado. Si se tiene en cuenta que en el 2010 había 205 millones de personas sin trabajo en el mundo –casi 28 millones más que en 2007–, y que millones más estaban inmersos en la pobreza o en empleos vulnerables de lo que hubiera sido el caso sin la crisis, ¿cuán realista es esta recuperación?
Es evidente que no todo el mundo está en el mismo barco: algunos navegan en yate, otros en pequeños botes y otros ni siquiera cuentan con salvavidas.
Si no queremos que sigan surgiendo más situaciones como las que en este momento sacuden al mundo árabe, la generación de oportunidades de empleo debe convertirse en un objetivo prioritario para los gobiernos del mundo.
Hacer de la promoción del empleo el eje central de las políticas de recuperación tiene sentido desde el punto de vista económico: estimula la demanda agregada, aumenta el potencial de crecimiento y fortalece las bases de un futuro sustentable. La comunidad internacional sentó un precedente importante durante el peor momento de la crisis, cuando se unió para hacer frente a los efectos inmediatos de la recesión.
Si ahora se logra invertir ese mismo esfuerzo y compromiso para hacer del empleo un objetivo prioritario en la coordinación internacional y las políticas nacionales, se puede acelerar una recuperación fuerte, sustentable y rica en más y mejores puestos de trabajo.

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