Juan Benavides Estévez

Capital paciente

Juan Benavides Estévez
Opinión
POR:
Juan Benavides Estévez
agosto 13 de 2015
2015-08-13 03:33 a.m.
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Mariana Mazzucato (Universidad de Sussex) investiga el papel del Estado como financiador fundamental de la investigación básica. En el 2013 publicó el libro The Entrepreneurial State, en el que demuestra, con evidencia masiva y argumentación sólida, que el papel del Estado no se reduce a eliminar fallas del mercado. Ella documenta que, aunque suene oximorónico, el ‘Estado emprendedor’ es una realidad en las sociedades desarrolladas. El mito de que el emprendimiento y la innovación deben dejarse al sector privado está ampliamente difundido. Las películas de Hollywood no ayudan mucho: lo típico es mostrar a un muchacho inteligente y desadaptado que se encierra en un garaje en Silicon Valley, y que se vuelve millonario comercializando una idea que viene solo de su cabeza, después de sobrepasar algunas dificultades pintorescas, a pura fuerza de voluntad.

Detrás de los inventos comerciales y sociales más importantes que están transformando la economía actual, se encontrará la copiosa inversión pública en investigación y desarrollo que se viene dando desde antes de la Segunda Guerra. MIT y Stanford, dos de las universidades líderes mundiales en tecnología, tuvieron presupuestos de US$1,3 billones y US$912 millones en investigación financiada principalmente por agencias públicas en el 2014 (el sector privado financia menos del 20% de la investigación y desarrollo directamente). Los campos que han sido financiados por el sector público en Estados Unidos incluyen la nanotecnología, las bases de la internet a través del proyecto Darpa, las tecnologías de telecomunicaciones, los productos farmacéuticos, la física y química para la microelectrónica y los materiales sobre los que se desarrollan los computadores, la telefonía móvil, los paneles fotovoltáicos y la energía eólica, entre otros.

Mazzucato cubre las historias de casi todos estos desarrollos y su relación con el capital de riesgo, que nunca parte de cero. Mazzucato es una Schumpeteriana que busca resonancia en las palabras de Keynes de 1926: “lo importante del Gobierno no es hacer lo que los individuos ya hacen (…), sino las cosas que en el momento presente no se están haciendo de ninguna manera”. El Estado está en posición de asumir los riesgos de la investigación básica, que está llena de fracasos, por definición. Mazzucato acaba de editar con Caetano Penna el libro Mission-oriented finance for innovation, una secuela de su obra anterior, disponible en policy.network.net.

Los artículos compilados plantean con claridad que el Estado debe disponer de capital paciente y sembrar las semillas de una economía diversificada y basada en el conocimiento. Cuando la economía es grande y diversa, es posible, a través de concursos competitivos, crear un mercado de firmas y universidades de base tecnológica. Este no es el caso de Colombia. No estamos en posición de financiar investigación indiscriminada. Hay que priorizar, lo que implica elegir ganadores (antes de que los ganadores elijan al estado…), con apoyos inteligentes y condicionados. Cuando se parte de no apoyar a ningún sector, se puede pasar a la tontería de apoyarlos a todos y el dinero es muy escaso.

Vale la pena debatir: (i) el mecanismo de regalías regionalizadas para ciencia y tecnología, que promete ser un fracaso, salvo en dos o tres departamentos; (ii) la responsabilidad del liderazgo, diseño y seguimiento de una política investigación dentro del sector público, y, aunque suene prosaico (iii) cómo evitar que los entes de control clasifiquen un fracaso investigativo como detrimento patrimonial.

Juan Benavides

Investigador Fedesarrollo

benavides.jm@gmail.com

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